V. CONGRESO INTERNACIONAL
INTEGRALIDAD Y CUMPLIMIENTO DE LOS ELEMENTOS DEL SEGUIMIENTO PASTORAL
CONF. 3
“CRISTO VIVO: ALIMENTO DEL DISCÍPULO, FORTALEZA DEL APÓSTOL”
Partiendo del tema de nuestro Congreso vamos a reflexionar sobre nuestra responsabilidad en dar todo lo que Jesús nos da. Tenemos que dar a las personas la posibilidad de recibir integralmente “Cristo vivo: alimento del discípulo y fortaleza del apóstol”.
La Iglesia debe mirar la integralidad de su tarea a partir de estas dimensiones:
-DESTINATARIOS;
-OBJETIVO;
-AGENTES;
-CONTENIDO.
DESTINATARIOS: IR A TODOS
Es el mandato dado por el Señor a sus discípulos antes de volver al Padre: “Vayan por el mundo entero y anuncien la Buena Noticia a toda la humanidad”. Ir a todos para cumplir la voluntad del Señor, porque así lo mandó el Señor. Y esta orden del Señor es mencionada por los cuatro evangelistas (ver RM 22).
¿Será que estamos cumpliendo el mandato misionero de Jesús? ¿Será que todos están teniendo esta oportunidad de recibir la Buena Noticia? En Brasil, según estadísticas más recientes, crece el número de persona que se declaran “sin religión” (Documento 71 de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, p. 40, n. 56). Sumando con aquellos que dicen tener una religión, pero que no la practican, tenemos una gran mayoría de la sociedad. Dentro de los practicantes, cuántos practican religiones no cristianas… Nuestra preocupación debe dirigirse a estas personas, porque el Señor ordenó anunciar a todos.
Debemos ir no por el miedo de “perder fieles”, sino porque el Señor mandó. Cuando alguien resuelve cambiar de religión debemos preguntarnos el por qué: puede ser que no estemos cumpliendo lo que el Señor nos mandó.
OBJETIVO: A TODO EL HOMBRE
Nuestra fidelidad al mandato del Señor nos debe llevar a observar toda situación de vida de las personas con la misma compasión de Jesús. Debemos dejar claro que Jesús es la solución de Dios para todas las dimensiones del ser humano. Jesús el “Pan vivo bajado del cielo” es el único capaz de saciar toda hambre de todos los seres humanos.
No nos podemos contentar con algunas prácticas religiosas, y bonitos ritos, debemos llegar a todo el hombre, proponiendo una vida nueva, transformada, en donde todos los aspectos de la existencia humana sean reflejo del amor del Padre, vividos según los designios del Padre amoroso.
AGENTES: COMPROMETIENDO A TODOS
Para que se cumpla integralmente la misión y la pastoral de la Iglesia es necesario que todos los bautizados asuman su responsabilidad. Todos los documentos de la Iglesia afirman la misma cosa: evangelizar es tarea de todo el pueblo de Dios (EN 59).
Cuántos de nuestros fieles están acostumbrados apenas a “asistir” a la misa el fin de semana, sin querer ningún otro compromiso con las tareas misioneras y pastorales de la Iglesia.
Cuántos que se dicen católicos, pero no aceptan las posiciones y orientaciones morales de la Iglesia.
Una parroquia sólo podrá dar todo a todos si todos sus miembros están comprometidos en la tarea misionera y pastoral de la Iglesia, y solamente una parroquia evangelizadora, sectorizada, podrá comprometer a todos en el cumplimiento de estas tareas. En una parroquia “estación de servicios religiosos”, que se contenta con dar alguna cosa a algunos que se acercan, es imposible dar tarea misionera o pastoral para todos.
CONTENIDO: DANDO TODO
Todo lo que el ser humano necesita para vivir plenamente la dignidad de hijos de Dios, que recibe de Jesucristo, y es exactamente esto que debemos dar a todos: TODO.
Por eso la Iglesia debe organizarse para que a través de su Misión y Pastoral pueda ofrecer a todos todo lo que recibe del Señor.
Dando continuidad a la misión de Jesús, PROFETA, SACERDOTE Y REY (PASTOR).
Estas tres dimensiones de la misión de Jesús deben ser ofrecidas en su integralidad.
Para garantizar que todos están recibiendo todo, la Iglesia (parroquia) debe organizarse geográfica y funcionalmente. A través de los sectores se garantiza la posibilidad de llegar a todos. Por el trabajo misionero y pastoral organizado en una secuencia lógica, en donde primero se da una base firme en la fe, y después toda una posibilidad de crecimiento integral, garantizando ayuda fraterna en las dificultades específicas que puedan surgir en la vida de cada uno.
Dar todo a todos, comprometiendo a todos, debe ser preocupación de toda la Iglesia.
La Evangelización es la base fundamental, sin embargo, es apenas el comienzo de un largo proceso de vida. Es el cimiento del edificio, la semilla sembrada que germina, el nacimiento para una vida nueva. Con todo, ello es apenas el comienzo de un proceso vital que dura toda la vida y a lo largo del cual se debe dar todo lo que el discípulo de Jesús necesita para crecer en esta vida nueva.
Algunas parroquias se contentan con la dimensión misionera y se olvidan de la importancia de la etapa pastoral.
Debemos llevar a todos este anunció de la Salvación realizada en Jesucristo. Es la prioridad básica de la misión, pero la tarea no termina ahí. Dado el fundamento para la vida de una persona, enseguida tenemos que pensar en la continuidad, para llegar a la persona en su todo, en todos los aspectos de su vida. No basta, pues, ir a todos, para luego continuar dando apenas fragmentos.
Necesitamos ir a todos, al ser humano como a un todo (todas las dimensiones de su vida), dar todo lo que recibimos de Jesús, y comprometer a todos en esta misión que recibimos del Señor.
Dada la vida nueva, necesitamos preocuparnos por el crecimiento de aquellos que renacerán como nuevas creaturas.
Por eso, ahora viene la pastoral de seguimiento para crecimiento y discipulado o educación del verdadero discípulo de Jesús. Formación del discípulo y proyección del apóstol.
La exhortación apostólica “CHRISTIFIDELES LAICI” de Juan Pablo II, a partir del número 57 (capítulo V) muestra esta necesidad de los discípulos de Jesús de madurar constantemente.
“La imagen evangélica de la vid y los sarmientos nos revela otro aspecto fundamental de la vida y de la misión de los discípulos de Jesús: la llamada a crecer, a madurar constantemente, a dar siempre más fruto” (CL 57).
“La vitalidad de los sarmientos depende de su unión con la vid, que es Jesucristo: “El que permanece en Mí, como yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no pueden hacer nada” Jn 15,5; (CL 57).
“El hombre es interpelado en su libertad por la llamada de Dios a crecer, a madurar, a dar fruto. No puede dejar de responder; no puede dejar de asumir su propia responsabilidad. A esta responsabilidad tremenda y sublime, aluden las palabras graves de Jesús: “Si alguno no permanece en Mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo echan al fuego y lo queman” Jn 15,6.
“En este diálogo entre Dios que llama y la persona interpelada en su responsabilidad, se sitúa la posibilidad, y la necesidad de una formación integral permanente de los discípulos […] La formación cristiana es un continuo proceso de maduración en la fe y de configuración con Cristo, según la voluntad del Padre, con la guía del Espíritu Santo” (CL 57)
“Esta formación de los laicos deberá figurar entre las prioridades de la diócesis y se ha de incluir en los programas de acción pastoral de modo que todos los esfuerzos de la comunidad (sacerdotes, laicos y religiosos) concurran a este fin” (CL 57).
Esta formación tiene como objetivo el crecimiento de la vida nueva, la vida a la cual somos llamados en Jesucristo. Recordando lo que dice CL 58:
“Dios me llama y me envía, como obrero a su viña, a trabajar para el advenimiento de su Reino en la historia. Esta vocación y misión personal define la dignidad y la responsabilidad de cada fiel laico, y constituye el punto de apoyo de toda formación, ordenada al reconocimiento gozoso y agradecido de tal dignidad, y al desempeño fiel y generoso de tal responsabilidad.”
“Dios ha pensado en nosotros desde la eternidad y nos ha amado como personas únicas e irrepetibles, llamándonos a cada uno por nuestro nombre, como el Buen Pastor que «a sus ovejas las llama a cada una por su nombre» Jn 10,3. Pero el eterno plan de Dios se nos revela a cada uno sólo a través del desarrollo histórico de nuestra vida y de sus acontecimientos, y gradualmente, de día en día” (CL 58).
Para conocer la voluntad de Dios para con nosotros es necesario una vida de oración y de escucha de la Palabra de Dios. Pero también la atención a las situaciones históricas que nos rodean. Compartir con los hermanos lo que Dios nos viene mostrando (CL. 58)
Por eso, después del Retiro de Evangelización, en donde se ha realizado un Nuevo Nacimiento, la parroquia tiene la responsabilidad de hacer crecer a los que han renacido. Es la etapa pastoral, que tiene como objetivo el crecimiento del discípulo en todas las dimensiones de la vida nueva.
Tarea que no termina, pero que debe iluminar toda la vida del discípulo de Jesús. Es el alimento que no puede faltar. Pues todos debemos llegar a la madurez, a la plena madurez de Cristo (cf Ef 4,13).
Llamamos también Pastoral de Seguimiento. Seguir ahora como Discípulos y Apóstoles del Señor.
Para que esto suceda se requiere una nueva mentalidad del que pastorea el rebaño de Jesucristo. Y es precisamente en esto que demostramos nuestro amor a Él: “Pedro me amas? […] Apacienta mis ovejas” (cfr Jn 21,15-18). Ya que el mandato del Señor a sus discípulos no es solamente ir a anunciar, sino también a enseñar a practicar todo lo que Él nos ha enseñado (cf Mt 28,20). No podemos contentarnos con algunos grupos de pastoral o ministerios, o movimientos que ofrecen algún servicio para las personas en momentos específicos de sus vidas. Una oferta para quien quiere algún sacramento, para los enfermos, para los jóvenes, para los que requieren ayuda social. Todo eso es bueno y necesario. Pero tenemos que abarcar mucho más con la oferta pastoral. Todas las personas de la comunidad, deben ser permanentemente pastoreadas: alimentadas, conducidas, defendidas de los peligros. No ocasionalmente, sino permanentemente.
Sin una estructura propia en la parroquia no se consigue dar esta oferta permanente a todos. Solamente una parroquia sectorizada, que ofrezca una base sólida (kerigma), puede acompañar a todos los que ya tengan esta base. Y esta adhesión hecha en el Retiro Kerigmático debe crecer y manifestarse en todas las dimensiones de la vida de aquel que se convirtió en nueva creatura.
Aquí se debe formar el discípulo, a través de la vivencia de los elementos esenciales del discipulado:
- – comunidades;
- – catequesis;
- – sacramento.
Una vez hecho discípulo, debe ahora convertirse en apóstol. Dar después de recibir. Como dice EN 24:
“Finalmente, el que ha sido evangelizado evangeliza a su vez. He ahí la prueba de la verdad, la piedra de toque de la evangelización: es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al reino sin convertirse en alguien que a su vez da testimonio y anuncia.”
Por eso ahora también debemos proyectar al apóstol que deberá cumplir la misión que el Señor le confió en tres dimensiones:
- –testimonio de vida;
- –testificación de la palabra;
- –compromiso apostólico.
Es el momento de conocer y hacer la voluntad de Aquel que elegimos como Señor de nuestra vida. Así dice CL 58:
De todos modos, no se trata sólo de saber lo que Dios quiere de nosotros, de cada uno de nosotros en las diversas situaciones de la vida. Es necesario hacer lo que Dios quiere: así como nos lo recuerdan las palabras de María, la Madre de Jesús, dirigiéndose a los sirvientes de Caná: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2, 5). Y para actuar con fidelidad a la voluntad de Dios hay que ser capaz y hacerse cada vez más capaz. Desde luego, con la gracia del Señor, que no falta nunca, como dice San León Magno: «¡Dará la fuerza quien ha conferido la dignidad!»; pero también con la libre y responsable colaboración de cada uno de nosotros.
Esta es la tarea maravillosa y esforzada que espera a todos los fieles laicos, a todos los cristianos, sin pausa alguna: conocer cada vez más las riquezas de la fe y del Bautismo y vivirlas en creciente plenitud. El apóstol Pedro hablando del nacimiento y crecimiento como de dos etapas de la vida cristiana, nos exhorta: «Como niños recién nacidos, desead la leche espiritual pura, a fin de que, por ella, crezcáis para la salvación» (1 P 2, 2).
Veamos primeramente los elementos de la vida del discípulo
- COMUNIDAD. Es uno de los elementos esenciales del gran proceso de evangelización presentado en la Exhortación Apostólica “Evangelii Nuntiandi” de Pablo VI. La experiencia del nuevo nacimiento hecha en el Retiro de Evangelización kerigmática lleva a esta vivencia en comunidad:
“Efectivamente, el anuncio no adquiere toda su dimensión más que cuando es escuchado, aceptado, asimilado y cuando hace nacer en quien lo ha recibido una adhesión de corazón. Adhesión a las verdades que en su misericordia el Señor ha revelado, es cierto. Pero, más aún, adhesión al programa de vida —vida en realidad ya transformada— que él propone. En una palabra, adhesión al reino, es decir, al "mundo nuevo", al nuevo estado de cosas, a la nueva manera de ser, de vivir juntos, que inaugura el Evangelio. Tal adhesión, que no puede quedarse en algo abstracto y desencarnado, se revela concretamente por medio de una entrada visible, en una comunidad de fieles.” EN 23.
La comunidad es para todos, después de vivir la evangelización kerigmática. El Papa Juan Pablo II dice en la RM 44: “La fe nace del anuncio, y cada comunidad eclesial se consolida y vive de la respuesta personal de cada fiel a ese anuncio”-
En CT 24 el Papa dice: “Todo el que se ha adherido a Jesucristo por la fe y se esfuerza por consolidar esta fe mediante la catequesis, tiene necesidad de vivirla en comunión con aquellos que han dado el mismo paso”.
Tener vida fraterna en común es un elemento esencial de una vida cristiana plena. No hay vida plena, ni humana y ni cristiana sin comunidad. Es claro el modelo de los Hechos de los Apóstoles, como prototipo de la vida y de la misión de la Iglesia. Es precisamente lo que se trató desde el siglo IV: seguir e imitar “la vida y la vía apostólica”.
La comunidad nos es un grupo funcional como las empresas o los equipos de trabajo apostólico, que tienen como finalidad la realización de tareas o acciones.
La comunidad es para “SER” no para “HACER”, y su objetivo no es una tarea común, exterior ellos, ni fabricar algún producto; su finalidad está en ella misma. Cf. NMI 15).
La comunidad es una nueva familia de los que nacieron de nuevo. Tenemos la costumbre de los equipos para hacer un trabajo juntos. Pero tenemos dificultad en el ser, en preocuparnos por el crecimiento de cada persona, en ser más parecidos a Jesucristo. En estar atentos a aquello que el Señor nos enseña.
Esta necesidad de “ser” antes que “hacer” (cf NMI 15) exige de nosotros un concepto mayor del pastorear que estamos acostumbrados a tener. Pastorear a cada persona en todas sus dimensiones de vida, y hacerla crecer como verdadero discípulo de Jesús, Profeta, Sacerdote, Rey (Pastor).
Es preciso tener un espacio en el que la persona se sienta valorizada, amada, acompañada en su esfuerzo de “Permanecer en Cristo”.
Según las palabras del Papa Juan Pablo II en la Carta Apostólica ‘Novo Millenio Ineunte’ la Espiritualidad de Comunión es “la capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico, esto es, uno que hace parte de mí mismo, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus anhelos y responder a sus necesidades, para ofrecerles una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de comunión es, pues, la capacidad de ver, ante todo, qué tiene de positivo el otro, para acogerlo y valorizarlo como un don de Dios: un don para mí […]” (NMI 43).
Nuestra experiencia práctica en cuatro años de vivencia del Plan Misionero y Pastoral ha mostrado la importancia de la vida en comunidad para el crecimiento como discípulo del Señor. Para cada persona en particular, y para la parroquia como un todo, para que llegue a ser una verdadera comunidad cristiana.
A nivel personal hemos escuchado muchos testimonios de personas que ya viven esta experiencia y que se sienten amadas y valorizadas como hijos de Dios , como personas. Viven una verdadera experiencia de familia, que muchas veces no puede ser vivida con los familiares de sangre. Varias veces oí esta afirmación: “Padre, mi pequeña comunidad me conoce más que mi familia”.
El testimonio de estas personas que viven en comunión ha atraído a otros que desean también vivir esa misma experiencia. Familiares, vecinos que desean también hacer la experiencia de una vida en pequeña comunidad.
A nivel parroquial, hemos percibido crecer en comunión a través de lo que el Papa Juan Pablo II llamó “esfuerzo programático” en la construcción de la comunión. A través de los encuentros sectoriales y parroquiales de pequeñas comunidades percibimos que crece esta conciencia de comunión, de fraternidad, de corresponsabilidad en el cumplimiento del mandado del Señor.
La vida en pequeña comunidad recupera aquella experiencia de las primeras comunidades cristianas relatada en Hech 2,42: “Perseveraban en escuchar las enseñanzas de los apóstoles, en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones”. Este modelo de comunidad presentado en los Hechos de los Apóstoles fue señalado muchas veces como una utopía de los primeros cristianos. Hoy puedo contar que ya oí en varias ocasiones y de varias personas: “estamos viviendo la misma experiencia de las primeras comunidades”.
No se trata de una utopía inalcanzable. La Palabra de Dios jamás nos iría a proponer algo imposible de conseguir.
- CATEQUESIS. Es la catequesis vista como alimento para el crecimiento del discípulo, y no como mero curso de preparación para los sacramentos. Es la continuidad necesaria al anuncio kerigmático, como nos habla el Papa Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica “La Catequesis Hoy”.
La peculiaridad de la Catequesis, distinta del anuncio primero del Evangelio que ha suscitado la conversión, persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo” CT 19
La Catequesis viene después de la evangelización kerigmática, la didajé es un segundo momento después del kerigma.
En la etapa pastoral, en el ámbito de la comunidad eclesial, se debe tener un canal bien organizado y sistematizado de catequesis.
Por eso, después de la respuesta a la evangelización en Hech 2,38, viene a continuación Hech 2,42, con la enseñanza de la doctrina de los apóstoles.
¿Qué es lo que el Señor espera de aquellos que lo escogieron como Maestro? ¿Cómo debe comportarse alguien que en Cristo se convirtió en creatura nueva? ¿Qué valores del Reino debemos vivir y testimoniar?
Alimento para el crecimiento del discípulo es la catequesis. Desde la Iglesia primitiva se preocupó en dar a conocer estos elementos. Hechos de los Apóstoles nos dicen que todos eran unánimes en la oración, en la fracción del pan y en la enseñanza de los apóstoles.
La catequesis es la que va consolidando en la vida de los discípulos los valores del reino, haciendo que se tornen realidad en la vida de cada uno y no simplemente un conocimiento más que se adquiere, pero que no cambia la vida. Con la catequesis se debe ir moldeando la vida nueva en todas sus dimensiones.
“Recordemos ante todo que entre la catequesis y la evangelización no existe ni separación u oposición, ni identificación pura y simple, sino relaciones profundas de integración y de complemento recíproco.” CT 18.
La catequesis es un camino para marchar en el seguimiento de Jesús. Como dice CT 44, la mayoría de los católicos son, como adultos, verdaderos catecúmenos. Los podemos agrupar en estas categorías: adultos de regiones descristianizadas; adultos catequizados cuando niños, carentes de fe; adultos con una catequesis mal orientada o mal asimilada; adultos bautizados en la infancia, sin haber sido catequizados y que han permanecido en el nivel de catecúmenos. CACC 18.
Una comunidad no puede ser llamada completamente cristiana si no tiene una catequesis orgánica de todos sus miembros, teniendo a los adultos como opción central. CACC 25
En el proceso de catequesis de adultos es importante el interés y compromiso de la comunidad que acoge y apoya al adulto (Cf CT 24). Éste madura su fe, no por las nociones aprendidas, sino compartiendo la vida de una comunidad cristiana en la cual él es un miembro que da y recibe. Y esta catequesis se debe realizar con provecho en cada una de las comunidades, al interior de un proyecto orgánico de pastoral. CACC 27-28.
La conversión al Señor, propia del kerigma, desemboca en la adhesión a una comunidad cristiana en la cual se comparte el estilo de vida de discípulo de Cristo (cf EN 23). La catequesis de adultos tiende a hacer madura una decisión consciente y firme de vivir el compromiso de la fe por medio de la pertenencia a una comunidad cristiana. CACC 37.
Es indispensable que se tenga un programa catequético sistemático y organizado (itinerarios) con fines precisos, continuidad y periodicidad de encuentros y reuniones con una programación inteligente, más allá de las formas ocasionales de catequesis de adultos. CACC 59.
Es exactamente este sentido de catequesis que recuperamos como modelo del SINE. La catequesis vista como alimento para la vida del discípulo de Jesús y como tal es compartida por los hermanos de comunidad. Es vista como estudio orientado a la vivencia. Estudiar, entender para después vivir.
Esta vivencia de los adultos en comunidades en donde reciben catequesis, ayuda a entender la catequesis como un proceso permanente en la vida del cristiano. El testimonio de visitadores y catequistas que están recibiendo catequesis en pequeñas comunidades, ayuda a esclarecer a los padres de los catequizandos que la catequesis es más que un cursillo preparatorio para recibir sacramentos.
Con este proceso, con una nueva visión de catequesis comienzan a aparecer los frutos.
En la vida de los adultos se tornan más claros los valores y criterios del Reino que deben ser vividos como discípulos de Jesús. Es común que las personas citen en las confesiones y reuniones aquello que aprendieron en la catequesis de la pequeña comunidad y cómo eso exige cambio de puntos de vista, de actitudes, y en fin, de vida.
En la escuela de la fe también aparecen los frutos. Padres conscientes de la importancia de la catequesis en la vida del cristiano dan mayor apoyo para la catequesis de sus hijos. El propio testimonio de los padres incentiva la participación de los hijos.
La catequesis es distinta, aunque inseparable del primer anuncio, sea el dado por primera vez a los que nunca habían oído, sea a la reevangelización para los que ya habían oído. También es distinta de una catequesis de ocasiones informales aptas para alimentar la fe en donde esta se presenta fragmentariamente.
Ella prolonga el mensaje del kerigma, explicitándolo, propone los contenidos de la fe católica: los artículos fundamentales del Credo; conduce de manera estructurada y orgánica, además que elemental, al camino de la fe. CACC 32.
Para esto se necesita tener en la Parroquia un sistema catequético completo y ordenado por niveles en donde se tengan todos los elementos de una catequesis básica. Por eso es preciso tener modelos e itinerarios catecumanales, teniendo el catecumenado como modelo de toda catequesis, fuente de inspiración de toda catequesis fundamental, y sin embargo integral. CACC 59-65.
Cualquier itinerario catecumenal incluye una preevangelización, que despierta la demanda religiosa; retoma la etapa kerigmática o primer anuncio del Evangelio y luego la catequesis en el sentido estricto. La catequesis de adultos supone la necesaria inserción en una pequeña comunidad eclesial. CACC 68-69. (cf. EN 23).
- SACRAMENTOS. Es el tercer elemento esencial de la vida del discípulo. Vida litúrgica y oracional, como centro, fuente y culmen de toda la vida cristiana y eclesial. Piedad popular evangelizada, purificada e integrada en una seria vida cristiana y compromiso eclesial.
El elemento central son los sacramentos, especialmente la Eucaristía.
En Hech 2,42, además de comunidad y de doctrina, se asigna como elemento de perseverancia las oraciones y la Fracción del Pan.
La liturgia, principalmente la Eucaristía, es la cumbre. El Concilio Vaticano II dice en la constitución SC y en PO, tres cosas sobre la liturgia: eje, culmen y fuente.
EJE: o centro alrededor del cual todo debe girar;
CUMBRE: hacia donde tiende toda la actividad de la Iglesia;
FUENTE: de donde mana la fuerza espiritual
Sobretodo la imagen de cumbre. Podemos ver la diferencia entre los dos tipos de parroquia. Es como la diferencia entre una montaña y un globo de gas de propaganda. Los dos pueden estar a la misma altura pero son muy diferentes.
Parroquia A: parroquia cultual, en donde la oferta es básicamente sacramental, es como un globo de gas: está alto, pero amarrado de un hilo.
Parroquia B: parroquia evangelizadora e integral es como una montaña que tiene por base el kerigma, monte sólido, la comunidad, que celebra su fe, y la catequesis específica y mistagógica (de mistagogía = iniciación en los misterios de una religión). En una parroquia así la liturgia asume realmente el lugar cumbre. En la propuesta del SINE no tenemos nada propio para la liturgia, sólo el vivirla en serio, como piden todos los documentos de la Iglesia sobre liturgia, comenzando por SC y todos los documentos posteriores. Manteniendo fielmente las enseñanzas y reglas de la liturgia.
Pero Puebla dice: “Las celebraciones litúrgicas suponen el anuncio evangelizador, la catequesis y la predicación bíblica” (DP 927).
O sea, el anuncio evangelizador y la catequesis deben ir antes, sino cuantitativa y cualitativamente será un desastre.
Cuantitativamente: el número de personas que participan, en torno al 5 a 10% que frecuentan las misas.
Cualitativamente: los que van a misa, ¿cómo participan? ¿Qué entienden? ¿Qué frutos toman de esa participación?
Para que la liturgia adquiera su lugar de centro, fuente y cumbre, son necesarias personas evangelizadas y formadas catequética y bíblicamente, y que sea una verdadera comunidad que celebra su fe y no una devoción privada o un precepto que se cumple.
Si la Eucaristía es el centro de la vida cristiana, ella no es el inicio, como enseña el Papa Juan Pablo II en el doc EE 35:
La celebración de la Eucaristía, no obstante, no puede ser el punto de partida de la comunión, que la presupone previamente, para consolidarla y llevarla a perfección. El Sacramento expresa este vínculo de comunión, sea en la dimensión invisible que, en Cristo y por la acción del Espíritu Santo, nos une al Padre y entre nosotros, sea en la dimensión visible, que implica la comunión en la doctrina de los Apóstoles, en los Sacramentos y en el orden jerárquico. La íntima relación entre los elementos invisibles y visibles de la comunión eclesial, es constitutiva de la Iglesia como sacramento de salvación. Sólo en este contexto tiene lugar la celebración legítima de la Eucaristía y la verdadera participación en la misma. Por tanto, resulta una exigencia intrínseca a la Eucaristía que se celebre en la comunión y, concretamente, en la integridad de todos sus vínculos.
La mayoría de las parroquias son estaciones de servicios religiosos parroquias cultuales y por no estar evangelizando y no haber verdaderas comunidades, la participación sacramental es sumamente deficiente cuantitativamente y cualitativamente. Un diez por ciento va a misa dominical y de esos que asisten a misa, son pocos los que saben a lo que van, están ahí por decisión propia, participan consciente viva y activamente y con un fruto abundante (cfr. Instrumento de trabajo de COMLA 7 pp. 52-56).
Solo en la parroquia evangelizadora que cumple integralmente la misión y la pastoral de la Iglesia, la liturgia es realmente centro, cumbre y fuente. Cumbre de la montaña y no del globo. Con una base sólida del kerigma, comunidades vivas alimentadas por la catequesis permanente. Participación activa y consciente como medios de santificación del discípulo de Jesús. Vida centrada en Jesús.
Es diferente cuando se solicitan los sacramentos por tradición religiosa o por cultura, costumbre familiar, elemento de una religiosidad poco consciente.
Aquí se ven los sacramentos como un encuentro con el Señor para transformarse en él.
Nuestra experiencia nos ha demostrado que una persona que verdaderamente tuvo una experiencia con el Cristo vivo sabe reconocerlo en los sacramentos. Ya tuvimos varios casos de personas que eran alejadas y no les gustaba participar en la Misa. Durante el retiro de evangelización kerigmático, donde no se habla de sacramentos ni prácticas rituales, ellos comenzaron a participar y ver el sentido en la celebración eucarística. Muchos sienten la necesidad de confesarse con más frecuencia, y lo hacen con más conciencia de lo que se ha pecado y de el mal que el causa, y tienen más facilidad de reconocer el pecado, púes saben que Dios es un Padre amoroso que nos quiere librar del pecado y no un juez severo listo para castigarnos, por eso no hay necesidad de esconderle los pecados ni tener miedo de admitirlos.
Veamos ahora los elementos esenciales de la vida del Apóstol:
Aquí presentamos también tres elementos:
a). Testimonio de Vida. Es el primer elemento esencial para ser verdadero apóstol de Jesús. Testimonio irradiante y contagioso, individual y corporativo: testimonio de la comunidad eclesial. Vivir antes que hablar –que primero vean y después vean, por el simple hecho de ser luz del mundo.
Este elemento esencial de la misión de la Iglesia es presentado con mucha claridad por el documento EN 21:
“Esta buena nueva ha de ser proclamada primero por el testimonio. Un cristiano que dentro de la comunidad humana donde vive, manifiesta la capacidad de comprensión y aceptación, su comunión de vida y destino con los demás, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y bueno. Irradia de manera sencilla y espontánea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve ni osarían soñar. A través de este testimonio sin palabras hace plantearse a quien contempla su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera?¿Qué es o quién es el que los inspira?¿Por qué están con nosotros?
Este testimonio constituye ya de por si una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz de la Buena Nueva. En ello hay un gesto inicial de evangelización”
Infelizmente nosotros los cristianos estamos perdiendo este potencial de atraer por el testimonio de vida. Sin embargo, cuando se vive una fe viva, cimentada en un encuentro personal con Jesucristo, donde se hace una verdadera adhesión de vida con él, para convertirse en una nueva criatura, es que se puede a partir de esta vida transformada despertar en las otras personas estas interrogantes citadas en EN 21.
El 17° Retiro de Evangelización de nuestra Parroquia que concluyo el 22 de agosto pasado, estaba repleto de casos de personas que fueron para las casas abiertas, por causa de familiares que hicieron el retiro y ya viven en pequeñas comunidades. El cambio de vida para mejorar, despertó en los otros el deseo de poseer esa misma vida.
b) TESTIFICACIÓN DE PALABRA. Es el segundo elemento esencial de la vida del apóstol de Jesús. Aprovechando toda ocasión y oportunidad. “dando razón de su esperanza” (1Pe. 3,15). Comunicar a los otros la experiencia personal del encuentro vivo con Cristo, su salvación y la vida nueva.
EN 22 dice: el mejor testimonio de vida, es insuficiente:
“Esto es insuficiente, pues el más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente, sino es esclarecido, justificado –lo que Pedro llamaba dar “razón de vuestra esperanza”-, explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús. La Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser pues, tarde o temprano proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera si no se anuncia el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios”.
Solo no habla quien no lo encontró. Quien encontró un tesoro no consigue quedar callado. Habla de lo que Dios hizo en su vida sin recelo. Con naturalidad aprovecha de todas las oportunidades para hablar de la grandeza de un Dios que mama y quiera salvar a todos.
Siempre nos cuestionamos: ¿por qué los católicos no tenemos la misma firmeza en hablar de Dios como los cristianos de otras denominaciones? ¿Por qué los católicos dejan pasar muchas ocasiones en situaciones informales y ocasionales para hablar de Dios a alguien que no lo conoce y reclama de las dificultades de la vida?
Una señora de nuestra parroquia dio este testimonio en un encuentro sectorial: “Yo no salgo de casa sin el folletito del Kerigma, pues no podemos perder la oportunidad de anunciar donde quiera que estemos. Esta semana en el puesto de salud una señora que estaba en la fila comenzó a quejarse de la vida, y yo no tuve dudas, le anuncie el kerigma y le di el folletito”
c) COMPROMISO APOSTÓLICO.
Los documentos AG 35 y EN 59 nos dicen que la Iglesia entera es misionera y la obra de la evangelización es deber fundamental de todo el pueblo de Dios.
Antes se pensaba que los laicos eran solo destinatarios y los agentes eran solo los padres, Obispos y religiosos.
Toda ella y cada uno de sus miembros es ministerial, y debe cumplir la diaconía en la Iglesia misma y en el mundo un servicio apostólico y social.
La parroquia debe ser comunidad evangelizadora, como la Iglesia es comunión misionera.
La vocación cristiana es, por su propia naturaleza, vocación también al apostolado (AA 2), fundamentada en el sacramento del bautismo y especialmente en la confirmación (LG 33). Por tanto todos los bautizados deben ser misioneros y apóstoles, pastores y servidores.
Traemos en nosotros, por el BAUTISMO, el mismo ministerio de Cristo y por eso somos miembros de Cristo Profeta, Cristo Sacerdote y Cristo Rey, y eso ya implica para nosotros una vocación, un llamado de Dios al apostolado por que somos coparticipes de la misión de Cristo.
La vocación cristiana es por su propia naturaleza vocación también al apostolado.
En el sacramento de la confirmación recibimos la unción del Espíritu Santo para hacernos misioneros, para hacernos evangelizadores para hacernos apóstoles en la Iglesia y en el Mundo.
Muchas veces el laico piensa que simplemente o que el Padre es ayuda, peor aun que tuviéramos padres en gran número, es un deber del laico la extensión del Reino, por que él es parte del pueblo de Dios, tiene una vocación propia y no es solamente sustituto del padre.
En el principio se es destinatario, pero después se convierte en agente (EN 24). Primero recibe algo y luego lo da. Evangelizados y luego evangelizadores. Eso se cumple en los sacerdotes inclusive en las religiosas, pero, se debe insistir en el necesario protagonismo de los laicos en la evangelización.
El documento de Santo Domingo habla del protagonismo de los laicos, pero eso no significa solamente dar oportunidad para que haga algo en la parroquia, peor hay que formarlo y potencializarlo para que realice todo lo que le corresponda.
En las parroquias evangelizadoras, los laicos evangelizados dan, además de su testimonio de vida y testificación de palabra un tiempo específico de trabajo apostólico, un diezmo de su tiempo laboral semanal, un mínimo de unas cuatro horas semanales.
Todos involucrados es el mandato de una parroquia evangelizadora, comprometiendo a todos los evangelizados para poder ir a dar todo a todos.
Así se puede cumplir este protagonismo de los laicos pedido por Santo Domingo basado en el mandato de Jesús a todos sus discípulos, y en la toma de consciencia de la Iglesia de la vocación universal al apostolado.
Fruto de todas las parroquias es el surgimiento de centenares de laicos apostólicamente activos y comprometidos en la Parroquia. Siendo las personas más disponible y con las que el Pastor más cuenta para el cumplimiento de la tarea misionera y pastoral de la Parroquia.
Lo que vemos en nuestra Parroquia, en estos años de implementación del plan misionero y pastoral, son personas que antes eran alejadas, ahora asumen una responsabilidad apostólica en la Parroquia. Han tomado conciencia del compromiso que se debe tener primero con la Parroquia, donde se debe dar todo a todos. Sucede ahora aquello que pide el documento de Santo Domingo, sin descuidar la atención de los cercanos, salir al encuentro de los que están alejados (cfr. DSD 131).
El compromiso apostólico, hecho con generosidad tanto en la oferta misionera como en la pastoral, es uno de los frutos propios de quién se encontró verdaderamente con Jesucristo y se rindió a sus Señorío.
Aquellos que ya estaban comprometidos con los trabajos apostólicos de la parroquia, y acogieron la novedad del plan misionero y pastoral, hoy tiene una comprensión mucho mayor de la tarea de la Iglesia, y por ello tuvieron una buena experiencia en el retiro Kerigmático, sabes acoger con amor a los hermanos antes alejados y que ahora vuelven a la casa del Padre.
Es solamente así, cuando todos asumen sus responsabilidades dentro del Reino, se entienden como llamados y enviados a trabajar en la viña del Señor, así es como la parroquia puede cumplir su tarea integralmente, dando todo a todos, compartiendo el gran tesoro que recibieron del Padre:
“CRISTO VIVO: ALIMENTO DEL DISCÍPULO, FORTALEZA DEL APÓSTOL.
QUERÉTARO, Septiembre 2005 P. José Julio Azarito