V. CONGRESO INTERNACIONAL

DESAFIOS A ENFRENTAR EN LA MISIÓN Y PASTORAL PARROQUIAL

        CONF. 1

La vida actual nos esta llevando a un vertiginoso y permanente cambio en todas las dimensiones de nuestra vida, a enfrentar desafios y realidades no contemplados en épocas pasadas. La Iglesia en sus instancias básicas Diócesis y Parroquias no son la excepción teniendo que enfrentar, múltiples situaciones en una Iglesia en transición, que no termina de encontrar caminos adecuados y dar respuestas a las inquietudes y necesidades del hombre de hoy, en su intento de buscar soluciones, la Parroquia no logra superar viejos vicios heredados, practicas arraigadas y rígidas, mañas adquiridas que no nos permiten establecer cauces idóneos para dar respuesta a una Iglesia  en permanente estado de renovación, buscar soluciones no solo cosméticas sino tomar las cosas en serio,  no solo  por  un  rato  o  por moda sino haciéndolas de forma  permanente,  que  llegue  a fondo  y  no  solo superficialmente, dando integralmente todo; luchar por la “excelencia”, la “calidad total” pedida en el mundo.

       Lamentablemente el no superar estos vicios y prácticas obstaculiza e impide una evolución y desarrollo en la pastoral de la Iglesia.

       Algunas de estas prácticas son:

  1. LA IMPROVISACIÓN:  Pastoral basada en la intuición, en la corazonada, o en el gusto del Pastor, sin análisis de reflexión seria, ni organización elemental que permitan hacer una pastoral con un proceso continuo de acompañamiento, de cuidado, de amor, de alcanzar metas precisas, y no como un conjunto de eventos ocasionales y desconectados entre si.
(se infla como globo con cada nuevo evento a la gente y ya que se están desinflando hay que organizar otro evento para volverlos a inflar)
Muchos piensan que su pastoral es viva y exitosa por la cantidad de eventos que genera, sin orden, ni coherencia, ni continuidad alguna (calendarización de eventos: fiestas patronales, peregrinaciones, novenarios, el año de la familia, año de la Eucaristía, etc.). Se esta tan ocupado organizando los eventos que se trabaja mucho y esos nos da hasta tranquilidad de conciencia pero en realidad no se tocan los problemas reales; pobreza, injusticia, poca conciencia solidaria, educación, etc.  No se sabe lo que se quiere ni a donde se desea llegar. Su fuerza esta en la cantidad de emociones y satisfacciones pasajeras que logra suscitar. Pastoral hecha a saltos. Este tipo de pastoral frecuentemente busca lo grandioso, lo multitudinario, lo espectacular.

Para evitar este tipo de pastoral es necesario tener un proyecto parroquial con un proceso dinámico en etapas, con metas y objetivos concretos a alcanzar, que se aprovechen los recursos tanto humanos como materiales para ir realizando las tareas por etapas, creciendo en forma gradual y progresiva.  Un proceso que trata de unir distintas realidades en un proyecto integrador, con pasos bien definidos y prioridades establecidas que son como la columna vertebral que lo unifica todo. Y si surgen acontecimientos o eventos imprevistos, se crean espacios para estos, sin detener lo demás.

Con este proyecto misionero y pastoral se pretende buscar resultados a largo plazo, con una línea de crecimiento continua  e ir a lo profundo de las cosas acompañando a las personas en su vida ordinaria. Poner a la comunidad en condiciones de construir paulatinamente el Reino de Dios.

  1. EL CENTRALISMO:  Concentra las decisiones y las responsabilidades en manos de una persona o de unas cuantas. Se elimina a los otros como protagonista de la obra común, quedando como simples espectadores pasivos y sumisos. El centralismo impide el crecimiento y la maduración de las personas, no son colaboradores sino simples objetos manejables y en consecuencia no hay promoción, educación ni se propicia la madurez cristiana de las comunidades.

La persona o personas que ejercen el control no confían en las capacidades ajenas, lo deciden todo sin consultar a nadie, se convierten en caciques religiosos, en ocasiones con prepotencia, autoritarismo, arrogancia de parte de los pastores a los laicos. Pasividad, temor, sometimiento de los laicos hacia los pastores.

Es preciso que el Pastor antes de tomar decisiones, escuche y entienda las necesidades y situaciones de su feligresía, conocer a fondo lo que le afecta; es decir, convertirse en interlocutor con su gente, personas que dialogan, que reaccionan, que tiene la libertad de aceptar o rechazar la oferta divina.

En una parroquia Evangelizadora el párroco a través del Consejo Pastoral Parroquial, escucha, conoce, dialoga con todos los responsables de las áreas de trabajo que conforma la parroquia, lo que le permite tomar decisiones con pleno conocimiento de causa, conoce profundamente la realidad de lo que viven las personas en su territorio parroquial. Dicho consejo es consultivo no deliberativo por lo que el pastor aprobará los acuerdos que se llegue en cada caso.

  1. EL INDIVIDUALISMO: Conciencia exagerada del propio valor personal,  sobre estima de uno mismo, fincado en la sub-estima de los otros, sin interrelación, ni interdependencia, no se promueve, educa o se propicia la madurez cristiana de los demás, sin considerar que la vida llega a plenitud en la convivencia y en la participación que nos vincula y acerca para realizar proyectos comunes.

La meta a lograr es pasar de un párroco individualista a un párroco corresponsable con los demás, que construya la comunión al interior de su parroquia y en los diferentes niveles fuera de su parroquia (decanato, regiones, foranias, diócesis).

Que se interrelacione con cada persona en concreto y se ponga en marcha para construir juntos y unidos el Reino de Dios. La gran riqueza de la pastoral son las personas y su capacidad de dar lo mejor de si mismas, desarrollando al máximo sus talentos, sus carismas y sus cualidades, capacitándolas y ofreciéndoles oportunidades para llevar a cabo sus tareas apostólicas con mayor seguridad, eficacia y calidad. La mejor inversión que se puede hacer en la pastoral, será la que promueva a las personas.

La única capaz de realizar plenamente la misión de Jesús es la comunidad unida corresponsablemente con su pastor. “Acostúmbrense los seglares a trabajar en la parroquia íntimamente unidos con sus sacerdotes”. (AA – 10.)

En una parroquia evangelizadora para que pueda funcionar adecuadamente, hace falta una colaboración más estrecha de todos los componentes de la parroquia con el propio pastor. Ya lo afirmaba el documento de santo domingo “Potenciar y cualificar todas las fuerzas vivas, religiosos y laicos, para aquellos servicios que no requieren la función del sacerdocio ministerial, para una penetración misionera en los ámbitos de los alejados.  Los laicos no son solamente destinatarios del ministerio pastoral, sino obreros activos, por vocación nativa”.

  1. LA DISPERSIÓN: En todos sus aspectos, derroche de recursos, los medios, el tiempo, el dinero y el personal que se dispone en un trabajo. Al desconocer las necesidades y urgencias prioritarias aparece la dispersión, no se sabe lo que se quiere ni a donde hay que llegar, caminamos sin dirección se invierten y gastan recursos sin fijarse objetivos. Al no haber un proyecto que unifique las acciones siempre se esta comenzando y nunca se llega a ninguna parte, perdemos de vista lo que es verdaderamente esencial y muchas veces nos quedamos en lo secundario. No existen prioridades bien pensadas; se destinas recursos a actividades o a proyectos francamente secundarios o inútiles; construcciones, burocracia, eventos religioso sin continuidad, etc. 

No existe análisis y discernimiento para usar los recursos donde pueden tener mayor alcance de promoción a las personas y generalmente nunca se tienen ingresos para pagar a los laicos un curso de formación. 

Urgencia prioritaria de la comunidad cristiana es la formación inicial, continua y permanente de sus miembros. El directorio General para la Catequesis, (1971) nos dice: “ Cualquier actividad pastoral para cuyo ejercicio no se cuente con personas bien formadas va al fracaso”  (108).

¿Cómo se puede esperar que un pueblo actúe con madurez cristiana si no se le alimenta adecuadamente?.

Un proyecto misionero y pastoral, como el que promueve el Sistema Integral de Evangelización, requiere de una formación permanente a los agentes laicos que van asumiendo un compromiso responsable en algún campo de la parroquia. Para ello: se dan diversos curso o capacitaciones donde se explica con mayor detalle cada paso para su implementación práctica: Misiones Evangelizadoras, Evangelización Kerigmática, Ministerio de comunidades, Catequesis de Jóvenes y Adultos, Escuela de la fe, Ministerio de Liturgia, Acción Social; Pastoral Familiar, Juvenil, de Enfermos, Tercera Edad y de Rehabilitación, Discipulado Personal, Compromiso Apostólico, pastoral en Sectores y Ministerios, Visiteo Integral Permanente, entre otros. Esta formación se considera una prioridad absoluta para la buena marcha de este Plan. 

Simultáneamente a esto los laicos reciben una formación bíblica y catequética para crecimiento y madurez del autentico Discípulo de Cristo.

  1. LA DISCONTINUIDAD: Se vive la pastoral como si esta comenzará  cuando cada nuevo párroco llega, sin conexión, ni continuidad, negándose a reconocer la obra de los predecesores, consideran una humillación apoyarse en lo que otros hicieron.  Hay quien disfruta en sepultar hasta el nombre de los que vinieron antes. “No es normal que lo que era valido ayer con el párroco anterior, a partir de hoy con un nuevo párroco ya no tenga ninguna validez”.  No es posible que calle de por medio lo que es aceptable y valioso en una parroquia, en la parroquia vecina no tenga ningún valor. El pueblo de Dios no puede ser conejillo de indias, como campo de experimentación del pastor en turno. No se puede aceptar que cada quien haga lo que quiera o lo que pueda sin tener exigencias objetivas para el cumplimiento de la misión y de la pastoral en cada parroquia.

Lo que es verdaderamente esencial, tomado de las fuentes de la Iglesia, no puede ser diferente en cada lugar, y debe ser cumplido en todas partes, como Diócesis y Parroquias.

Hay dos parámetros o puntos de referencia para entender lo que es verdaderamente esencial: 
  1. Lo que el Señor Jesús señaló para ser cumplido por sus discípulos. 
Como el Padre me envió a MÍ, así Yo los envió a Ustedes….vayan pues”. No es algo facultativo sino un deber por mandato del Señor, misión de la cual no somos dueños, ni propietarios, sino depositarios, enviados y servidores, sin ninguna autoridad, ni derecho, ni competencia para cambiar, mutilar o distorsionar la misión (EN 5.60.78). la misión en sus elementos básicos ya esta dada, no necesitamos inventarla. No es a la gente a quien hay que preguntar que quiere o que le gustaría.
  1. El Pueblo de Dios a quien debemos servir tiene derecho a recibir    la misión integral con todos los elementos esenciales de la vida cristiana dado de forma sistemática.

La Diócesis debe tener como “pastoral de conjunto” un plan de misión y pastoral sistemático e integral que unifique en lo esencial a las parroquias evitando así la falta de continuidad en cada cambio de párroco.

  1. EL PARALELISMO: cada uno va con su propio proyecto, su idea, su movimiento, su método, su capilla, etc.  El paralelismo es la incapacidad de mirar alrededor de nosotros para tender puentes que nos acerquen y nos integren con lazos solidarios. Es el egoísmo que destruye la generosidad del corazón. Enemigo mortal de la comunión pastoral es este paralelismo egoísta y perverso.

Si los grupos y movimientos no ejercen ministerios auténticos a favor no solo de ellos mismos, sino de la gran comunidad eclesial, lo más seguro es que la dividirán y le estorbarán.

“Conviene ciertamente que, tanto en la iglesia Universal como en las Iglesias particulares, las Asociaciones y Movimientos actúen en plena sintonía Eclesial y en obediencia a las directrices de los pastores” 
( Dominus Iesus ,15).

Debe quedar claro grupos y Movimientos Eclesiales aparecieron en la Iglesia, para responder a situaciones concretas, dando oportunidad a algunos de vivir su fe mas personalizada y mas enraizada en sus necesidades concretas; pero también hay que señalar la trampa de pensar que el grupo o Movimiento es toda la Iglesia  tomando la parte por el todo excluyendo a todos los demás. El paralelismo es una pastoral con proyectos paralelos y desconexos; sin integración ni articulación de unos con otros. No es una pastoral de conjunto sino un conjunto de pastorales.

Existe un documento del Papa Juan Pablo II, en octubre de 1984 en una reunión de la congregación del Clero sobre “Parroquia Urbana, comunidad de Personas” donde señala con fuerza: “Que quede bien claro:  Movimientos y Asociaciones no pueden colocarse en el mismo plano de la parroquia como posibles alternativas  a ésta; al contrario tienen el deber de servicio al marco Diocesano y Parroquial, y en eso se revelará la validez de la experiencia en los respectivos Movimientos. 
Es preciso tender puentes entre los grupos y Movimientos de Iglesia con los auténticos ministerios eclesiales  para no crear falsas oposiciones que solo dividen al Pueblo de Dios.

La Comunidad Cristiana es engendrada y nace por la vía de los Ministerios, crece por el mismo camino y su principal tarea es ejercer ministerios; llega a su plenitud cuando crea espacios para que cada uno practique los servicios  que le pertenecen. La Iglesia tiene que ser ministerial para que sea la auténtica Iglesia de Jesús.

En  el  fondo  de  esta problemática  esta la visión de Iglesia que tenemos, la interpretación que de  ella  hacemos,  el  sentido de pertenencia a ella; el respeto de la diversidad  en  la  comunión,  y  eso  nos dará el estilo de edificarla. 

La Diócesis debe tener un plan de conjunto unificado, pero es la parroquia donde se cumple prácticamente. Es necesario, con una adecuada eclesiología, descubrir el lugar de la parroquia y su centralidad para la misión. Devolver a la parroquia la integralidad en la misión, la que da la  totalidad de la misión a la totalidad de la feligresía a título de Iglesia  y a título de vida cristiana Básica.

Solo en una parroquia misionera que cumple con la integralidad de la misión, los Movimientos encontraran su lugar y su papel. En estas parroquias tenemos que saber aprovechar sabiamente los dones talentos y carismas que el Espíritu Santo ha regalado a diversos grupos y Movimientos integrándolos en un solo proyecto común trabajando unidos  en edificar la Iglesia de Cristo. Esto se puede lograr a través de una estructura pastoral de Sectores y Ministerios que nos permita en cuanto a destinatarios ir a todas las personas, en cuanto a objetivo a todo el hombre y situaciones que lo afectan, para ello involucrados todos, para poder dar todos los elementos de misión y pastoral.

  1. LA COMPETENCIA: Querer sobresalir por encima de los demás, no importa tener que eliminar, desplazar, excluir o aplastar al compañero de trabajo; evitar a toda costa que nos dejen en segundo plano. Actitud enfermisa que nos lleva a ver como enemigos o rivales a todos los demás que participan en la parroquia, pensamos que cualquier cosa que realicen va a opacar nuestro prestigio, nuestro trabajo y tratamos de captar la atención del pastor solo para nosotros.

Esta competencia va aunada al paralelismo en donde cada grupo tiene un proyecto propio y lo defiende por encima de todo lo demás como si fuera lo único en la Iglesia.  Realizamos esas acciones pastorales sin relación a Dios solo como una cuestión de prestigio, de poder, de competencia o de ambición económica . Tal vez aquí reside una de las causas más graves por las cuales la Iglesia se encuentra estancada. Las personas temen perder el control de ciertas cosas, actúan como franco tiradores; situación lamentable porque se destruye la Iglesia del Señor. Lo comentaba San Pablo lamentándose tristemente “Me han informado que hay rivalidades entre ustedes…...  Y eso despedaza el cuerpo de Cristo” (1Cor. 1-13

Todo cargo o servicio que se desempeña en la comunidad, sea de laico o de pastor debe promover la construcción de la comunidad “Hacer de la Iglesia la casa y la Escuela de la Comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del Mundo” (NMI-43)

Son muchos y diversos los desafios que enfrenta actualmente nuestra iglesia; crisis, ecología, globalización, neoliberalismo, dignidad de la persona, derechos humanos, macro economía, democracia, pluralismo, transición, cultura, solidaridad etc, desafios ante los cuales no podemos quedar indiferentes, ante esta situación debemos tomar en serio nuestra fe y vivirla como fuerza de transformación y de esperanza. 
“Hoy se ha de afrontar con valentía una situación que cada vez es más variada y comprometida,  en el  contexto de  la globalización  y  de la nueva  y  cambiante  situación de los  pueblos y culturas  que la caracterizan.  (NMI- 40).

Existen muchos obstáculos y resistencias que impiden trabajar planificadamente en la pastoral:  no creemos en la utilidad de un trabajo planificado, no queremos realizar la pastoral con disciplina,  sentimos que afecta nuestros intereses personales, que van a controlar nuestra libertad; preferimos la comodidad de nuestra desorganización; no deseamos un trabajo participativo;  o bien pensamos que el plan es una formula mágica que por si mismo va a actuar, aunque no nos comprometamos con él.

La verdad es mucho mas fácil trabajar solo y desorganizadamente haciendo lo que creemos o lo que podemos,  que trabajar con un plan; pero éste tiene ventajas que no puede compararse con ningún trabajo aislado, por ejemplo: hay eficacia y solidaridad en la tarea común, las personas se ubican en el conjunto conocen su responsabilidad; se evitan traslapes y lagunas; hay conciencia de las urgencias; se complementan las tareas, impulso mutuo para la realización, etc. 

Un plan es ante todo una experiencia de comunión eclesial, tenemos una misión común que nos une e interrelaciona, dependemos unos de otros lo que afecta a uno afecta a todos, con una interdependencia y una interacción permanente.

Un plan pastoral es también experiencia comunitaria de Dios;  que construye comunión en la diversidad de ministerios, carismas, dones y tareas.  Un solo cuerpo de Cristo.

Un plan pastoral genera un proceso participativo de todos, es un modo peculiar de cumplir los elementos de la misión y de la pastoral de la Iglesia, es un método que sirve de apoyo para el trabajo de Iglesia. No puede verse como un fin en si mismo ni como una realidad dotada de poderes milagrosos.

En la carta apostólica Nuevo Millennio Ineunte al concluir el gran jubileo del año 2000 el Papa Juan Pablo II  nos invita mirar hacia delante :    
“ Remar mar adentro ”.  “ En la causa del Reino no hay tiempo para mirar para atrás, y menos para dejarse llevar por la pereza. Es mucho lo que nos espera y por eso tenemos que emprender una eficaz programación pastoral post-jubilar” No.  15

Apoyados en la promesa de Cristo “ He aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28,20) debemos sacar un renovado impulso en la vida cristiana que sea ademas la fuente inspiradora de nuestro camino. No se trata de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el evangelio y la tradición viva.  Se centra en definitiva en Crsito vivo al que hay que conocer, amar e imitar para vivir en Él la vida trinitaria (NMI -29).

Este documento habla de señalar etapas del camino, nos da como puntos de referencia y orientación algunas prioridades pastorales a tomar en cuenta para la elaboración de programas: la santidad, la oración, la santísima Eucaristía dominical, el Sacramento de la reconciliación, el primado de la gracia, la escucha de la palabra y el anuncio de la palabra;  prioridades que sintetizan el Espíritu con el que se debe afrontar esta tarea de renovación pastoral, nos habla de promover una espiritualidad de comunión.

Un nuevo impulso apostólico vivido como un compromiso cotidiano de las comunidades, un coherente compromiso social y económico, esto pretende ser Sistema Integral de Evangelización, un aporte para la Iglesia, un modo especial de cumplir la misión y la pastoral de ésta.  Organizando y formando laicos para que en comunión con su párroco se puedan enfrentar a los Desafios que se nos presentan permanentemente; un plan que incluye y unifica lo kerigmático, lo catequético, lo bíblico, lo comunitario y lo eclesial;  los sacramentos y la religiosidad; lo carismático y lo ecuménico; con un compromiso apostólico de todos, apoyado en una estructura de sectores que nos permita hacer una acción más cercana, personalizada y comunitaria; que nos ayude a conocer la realidad actualizada para una mayor eficiencia en las acciones. Ministerios como campos específicos para acciones especializadas de cada área y de cada destinatario especial. Proceso que lleve a vivir los sacramentos especialmente la Eucaristía como fuente desde la que todo mana, cumbre y meta a la que todo conduce, eje en la que toda vida cristiana gira. Una acción social, múltiple y diversificada: asistencial, promocional, y micro-estructural, que nos lleve  a una solidaridad entre los hermanos y a consecuencia de esto que no haya ningún necesitado. 

Las mejores estructuras o sistemas se convertirán en estructuras frías o sin vida y los agentes en funcionarios mas o menos eficientes, sin una vida espiritual interior profunda; por eso la pastoral tendrá siempre relación con la santidad de aquel que la realiza. “El mejor evangelizador es el Santo”,  dice el documento de Santo Domingo (28).

La perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es en la santidad; descubrir en todo su valor el capitulo V de la constitución dogmática Lumen Gentium, dedicado a la vocación universal a la santidad.

Ante tanta situaciones y desafíos a enfrentar en las Diócesis y parroquias ¡Caminemos con Esperanza!, confiando plenamente en Cristo. Nos espera pues una apasionante tarea de renacimiento pastoral. Una obra que nos implica a todos (NMI-29). Se nos invita a tener el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos contando con la fuerza del mismo Espíritu enviado en Pentecostés, nos acompaña en este camino la Santísima Virgen como Estrella de la Nueva Evangelización (NMI - 58).

No olvidemos las palabras del papa Juan Pablo II  ¡NO TENGAN MIEDO!, abran las puertas de par en par, abran su corazón a Cristo. Dejemos que entre y seamos dóciles instrumentos en sus manos para enfrentar y vencer cualquier desafío que se nos presente.

Que el Amor de Dios sea la fuerza que nos mueva y construyamos en comunión el Reino de Dios aquí en la tierra.

QUERÉTARO, Septiembre 2005                                        Ruthmni Ojeda MC

Bibliografía: Pastoral del Futuro - P. Francisco Merlos - Conceptos de Vicios Arraigados