CLAUSURA
“SINE” INSTRUMENTO DE RECONSTRUCCION Y COMUNIÓN ECLESIAL
- INTRODUCCION
San Ambrosio, en su escrito SOBRE JOSÉ (3,9 in Opera Omnia 3,1982, pág. 349), hablando de las reacciones de Jacob ante el segundo sueño de su hijo, dice : “Así pues, el patriarca se guardó bien de no creer en un sueño tan grande (non ergo somnio patriarca non credit), porque éste profetizaba con una doble predicción dos realidades: hacía presente la persona del justo (Jesús que había de venir) y a la vez la persona del pueblo (al que el justo ofrecería la salvación).”
A mi parecer, también a nosotros se nos dice, en esta aurora del tercer milenio, que nos excluyamos del todo de nuestra interpretación del tiempo en que vivimos esos “sueños grandes” que presentan todavía más grande nuestra percepción del proyecto de Dios, proclamado en Efesios 1, 4-10, que se refiere a Jesús y a su pueblo. En Él hemos sido elegidos, en Él tenemos la redención, por medio de Él Dios conduce la historia a su consumación, reuniendo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo la única cabeza (cfr. 1, 4.7.10).
Creo que a este “soñar a lo grande”, a este mirar con mente abierta al futuro de Dios y del hombre, nos ha conducido el Espíritu Santo a lo largo de todo este V Congreso Internacional, congregado bajo el lema:
CRISTO VIVO:
ALIMENTO DEL DISCIPULO,
FORTALEZA DEL APOSTOL
Este “soñar a lo grande” fue la mira de Marcos y de los evangelistas cuando escriben su evangelio; es ´el sueño que suscita´ el Espíritu en los pastores que han marcado el paso de la Iglesia en la historia, y, por ende, han sido grandes intérpretes de los designios de Dios para su época, como lo ha sido recientemente su Santidad Juan Pablo II.
Ojalá que las reflexiones de este Congreso, en donde ha resonado su enseñanza, nos ayuden a no dejarnos aprisionar por la pesadez del presente y a hacernos más capaces de mirar al futuro del hombre y al futuro de Dios. No por casualidad los invito a soñar con este tema que clausura nuestro V Congreso:
SINE: INSTRUMENTO DE RECONSTRUCCIÓN Y COMUNIÓN ECLESIAL
- EL SUEÑO DE MARCOS PARA SU TIEMPO – NUESTROS SUEÑOS
¿Cómo respondió Marcos a la crisis de su tiempo? Veámoslo rápidamente, a fin de encontrar inspiración para enfrentar los retos de construir el Reino de Dios en nuestra época y continente.
- CARACTERIZACIÓN DE LA COMUNIDAD DE MARCOS. ROMA, AÑOS SESENTAS. VEINTE AÑOS DESPUÉS DE SU FUNDACIÓN.
Evidentemente una comunidad no se describe sistemáticamente a sí misma en el Evangelio, pero si analizamos algunos textos – clave podemos hacer emerger del texto mismo una fotografía (virtual) de la comunidad que está allí implicada.
Podríamos comenzar a tomar contacto con esta comunidad a partir de esta frase:
“Buena es la sal.
Pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis?
Tened sal en vosotros y tened paz unos con otros”
(9, 50; el subrayado es propio de Mc)
Esta frase es una punta del iceberg de lo que está sucediendo en la comunidad cuando se redacta el Evangelio, es, pues, el reflejo de una de las preocupaciones que Marcos tiene con su comunidad.
Marcos, en su diagnóstico pastoral, habla de una sal que se vuelve insípida y de una sal que está haciendo falta. ¿A qué se refiere? La sal en la Sagrada Escritura es símbolo de la alianza con Dios (por ejemplo Lv 2, 13; “Sazonarás con sal toda oblación que ofrezcas; en ninguna de tus oblaciones permitirás que falte nunca la sal de la alianza de tu Dios”) y cuando la sal es compartida con alguien es símbolo de la solidaridad y la constancia en las relaciones (por ejemplo Esdras 4, 14: “Puesto que comemos la sal de palacio consideramos intolerable ver esta afrenta que se hace al rey”). La sal, en esta doble relacionalidad fundamental es signo de “fidelidad”, de “lealtad”. Esa es la sal “buena”, “deseable”, es decir, el proyecto de Dios.
Pues bien, la frase propia de Mc “Tened sal en (dentro de) vosotros y tened paz unos con otros”, muestra que en la comunidad hay un problema serio de constancia, de fidelidad, de pasar de una evangelización capilar y por lo tanto endeble, a una experiencia de Jesucristo a fondo, que se sostenga hasta las últimas consecuencias.
En otras palabras, la obra completa de Jesús – que es la realización del proyecto de Dios – está por venirse al piso.
Vamos más a fondo, ¿Qué es lo que está sucediendo?
Precisamente el v.49 habla de la prueba de fuego de la comunidad que, si la Interpretamos desde 13, 9.12-13ª, se trata de la persecución vivida por la comunidad en la década del 60 y que probablemente sea la desatada en Roma y sus alrededores en tiempos neronianos, en la que murieron Pedro y Pablo.
Nos encontramos entonces con una comunidad en crisis, quizás la primera gran crisis que ellos viven en sus 20 años (o un poco más) de existencia (calculando, junto con M Hengel y J. Murphy-O`CONNOR, su fundación a comienzos de los años 40). Es este momento, el panorama en la comunidad es de cansancio e inconsistencia: unos comenzaban a caer en la rutina y otros sentían la necesidad de aventurarse a explorar nuevos caminos en el estilo de vida (a veces dentro del cristianismo, a veces fuera), casi ciertamente problemáticos para la unidad de la comunidad.
Las alarmas de guerra que se mencionan en 13, 5-8ª, probablemente se refieran a la primera guerra judía (años 66-70) que culmina con la profanación del templo, la cual les hace recordar la “abominación de la desolación” (cfr. 13,14) de los tiempos macabeos, la gran crisis interna del pueblo de Israel bajo la dominación griega (años 175-150 aC). Lo cierto es que en los años 60`s la comunidad romana de Marcos ha sido testigo de la muerte de Pedro y Pablo, además de otros líderes de las comunidades; ella misma se siente fuertemente presionada por el ambiente romano y judío en su contexto social para que claudique de sus pretensiones de ser comunidad; además, internamente hay “bochinches” muy serios en la comunidad, hechos concretos que han hecho que algunos se pregunten si no se están alejando de su razón de ser como comunidad que es “sal” en el mundo, si no se están alejando de Jesucristo.
Vale la pena que, junto con Marcos, observando algunas citas claves, que le tomemos el pulso a la comunidad:
a. La comunidad de Marcos en su entorno social religioso y cultural
¿Qué pasa en la interacción de la comunidad con su ambiente?
Con relación a Roma (contexto político)
Interrogados en los tribunales Cfr. 13, 9b
Sus casas y propiedades son allanadas
Cfr. 13, 15-19
Se les niegan servicios “por ser de Cristo”
Cfr. 9,41
Con relación a los judíos (contexto religioso)
- interrogados en las sinagogas y castigados con azotes Cfr. 13, 9ª
- acusaciones de blasfemias y burlas por parte de los judíos.
- Cfr. Las dos series de controversias con las autoridades judías en Mc. 2, 1-3, 6 y el capítulo 12
Con relación al ambiente en general (contexto cultural)
Odiados por todos
Cfr. 13, 13ª
Deseo de parecerse al mundo externo haciendo concesiones y perdiendo la profecía en el estilo de vida y de gobierno
Cfr. 8, 35-36
Cfr. 10, 34
- La comunidad de Marcos y su realidad interna
Los problemas no sólo viene de fuera, hay también problemas dentro.
¿qué pasa internamente?
- en el ejercicio de la misión
incapàcidad frente a los nuevos desafíos (ya la obra no sale bien) Cfr. 9, 18.
- dificultad para que entren nuevos miembros porque se asustan con tantas exigencias. Cfr. 10, 22
- sin embargo, no paran de anunciar la buena noticia. Cfr. 13, 10
- en la configuración de la comunidad
- descuido en los procesos de formación Cfr. 9, 36-37.
- Deseo de imitar el estilo de gobierno de la sociedad civil Cfr. 10, 42-43
- Fuga para los servicios más difíciles y tendencia a la instalación Cfr. 10, 44-45
- Deserciones Cfr. 4, 50-52
- Hay falsos discípulos Cfr. 13, 22
- Ese presentan falsos líderes pretendiendo ser reencarnaciones de Cristo Cfr. 13, 6
- en las relaciones comunitarias
- lucha de poder Cfr. 9, 34
- partidismos Cfr. 10, 41
- humillaciones de los más pobres Cfr. 12, 38-44
- autosuficiencia Cfr. 10,28
- Minusvaloración de los niños Cfr. 10, 13-15
- Escándalos morales Cfr. 9, 42-47
- Fracasos familiares Cfr. 10, 1-12
- en las relaciones con las otras comunidades
- Los sentimientos que afloran frente a este panorama comunitario
Ciertamente hay crisis. La crisis se expresa como desaliento y escándalo con la porpuesta de Jesús: “El Señor nos pide mucho”, “es muy difícil seguirlo” (Cfr. 10, 23), ¿No será ima utopía inalcanzable?” (Cfr. 10, 26). Pero la crisis de fondo es:
¿Qué sentido tiene el martirio?
¿Esto no es demasiado sacrificio?
¿Vale la pena seguir al Señor?
Pero en todo este colorido de la comunidad de Marcos hay que destacar también que hay puntos luminosos y que lo dominante es su profunda fe. Por eso en el centro y en el final del Evangelio encontramos dos fuertes profesiones de fe que elevan su voz sobre el resto de la situación: La confesión de fe de Pedro (Mc. 8, 27-30) y la confesión de fe del Centurión (Mc. 35, 39). Pero, como se han dicho, es una fe siempre en camino y expuesta a muchas fragilidades, incluso, al fracaso total. La semilla está en riesgo.
2. NUESTRAS COMUNIDADES, SU ENTRONO Y REALIDAD INTERNA. VIAS DE RESPUESTA.
La comunión de la Iglesia Católica.
Estas palabras recogen la alegría de las comunidades cristianas en el Continente, como también la tarea de “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión”, esto es, de responder “al gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza” (Novo Millenio ineunte, #43). Pero se trata precisamente de vivir la plenitud de la vocación cristiana, con clara conciencia de la riqueza que encierra ser miembro de la Iglesia Católica. La Iglesia ha perdido muchos bautizados que han pasado y siguen pasando a otras confesiones cristianas, con sed de la palabra de Dios, pero sin saber que otras cosas perdían al dejar la Iglesia. Esta frase tiene dimensiones ecuménicas, y recoge, desde nuestra identidad y misión, la plegaria de Jesucristo: “ut unum sint”.
Al inicio del tecer milenio, America Latina y el Caribe son desafiados con fuerza por los cambios religiosos, éticos y, en general, culturales, que marcan los dolores de parto de una nueva época. No somos una Isla. Tenemos que orientar nuestro trabajo pastoral hacia la conversión de hombres, mujeres y jóvenes que viven en el hoy, cuyas convicciones vacilan, que buscan la libertad, el bien, la felicidad y la belleza, atraídos, desafiados o rechazados por los mensajes de los medios de comunicación y por los agentes del mal “progresismo”. Remaremos mar adentro, navegando con frecuencia contra la corriente, pero con simpatía por cada persona, creada y recreada a imagen y semejanza de Dios, que tiene sed de su paternidad, de humanidad y fraternidad.
Que nuestros pueblos tengan vida.
Nos duele la vida de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Nos duelen su pobreza, sus adicciones y todas sus carencias en el campo del trabajo, la educación, la salud y la habitación. Nos duele la manera de gobernarlos y de motivarlos de quienes deben velar por el bien común. Nos duele la incoherencia de muchos católicos que los guían, y de otros que dirigen medios de comunicación social, prescindiendo de la fe. El norte de sus afanes tiene que estar definitivamente marcado por la cultura de la vida. Por el respeto a la vida, por el gozo de transmitir la vida, por la gestación de familias cristianas que sean santuarios de la vida, por la plasmación de condiciones sácielas y legislativas, que permitan a todos, especialmente a los más afligidos, pobres y marginados, llevar una vida digna de su vocación humana y cristiana. La Iglesia participa profundamente en la gestión de estos pueblos. También por eso los pastores bien pueden llamarlos nuestros pueblos. La preocupación de la Iglesia tiene dimensiones más amplias que el sólo bien temporal. En esta frase aparece el sentido de la Encarnación y de la Pascua del Buen Pastor: para que tengan vida y la tengan en abundancia. También este imperativo lo realizan quienes se han acercado al pan de Vida, tiene vida eterna, y procuran conducir a todos al encuentro con Aquel que es el camino, la verdad y la Vida.
Crisis de identidad.
Muchas veces los cristianos se interrogan acerca de su identidad. Para unos, ser católicos significa aceptyar las verdades que señala la Iglesia y tratar de vivir conforme a ellas. Tenemos que reconocer, sin embargo, que la ignorancia religiosa y la distancia que existe entre la vida y la fe, corroen el conocimiento de la fe y debilitan esta dimensión de nuestra identidad. Otros manifiestan que ser católicos se define por el amor y la obediencia al Papa, por la devocion a la Sma. Virgen y por la participación en la Eucaristía. No les falta razón a quienes caracterizan de esta manera su identidad católica, distinguiéndola así de la identidad de otras confesiones cristianas. Pero el católico no se define tan sólo pòr el que lo diferencia de otros cristianos, sino también por cuanto los une a ellos. Llegamos así a la fuente de nuestra fe: a la llamada de Cristo (por el nos llamamos cristianos), al encuentro con él y a su seguimiento en la comunidad de los discípulos. El punto de partida de toda acción pastoral, como nos orienta Ecclesia in America, es el encuentro con Jesucristo vivo.
Perdida del valor de la fraternidad.
En nuestra era postmoderna, hastiada de una abrumadora cantidad de palabras, muchas veces vacías, la fraternidad cristiana de los discípulos de Jesucristo es el testimonio privilegiado de la verdad del Evangelio, y el corazón de su misión evangelizadora: “Por el amor que se tengan los unos a los otros, reconocerán todos que son discípulos míos” (Jn. 13, 35). Nuestros pueblos de América Latina poseen, en la raíz de su concepción de la vida, un sentido comunitario muy acendrado, con actitudes concretas de acogida, participación y ayuda mutua. Sin embargo, se ve el peligro de perder estos valores en la globalización del individualismo neoliberal. Por ello, conviene retomar y presentar el ejemplo de los grandes santos y testigos de la fe y del amor de Cristo en nuestra historia pasada y presente, muchos de los cuales han dado incluso su vida, como supremo testimonio de Cristo y del servicio al prójimo.
¿QUÉ SE REQUIERE PARA CAMINAR POR LOS DERROTEROS QUE MARCA LA NOVO MILLENIO INEUNTE?
- La razón de ser del evangelio de Marcos: ¿cómo le responde Marcos a su comunidad?
Marcos le responde a su comunidad con un nuevo anuncio del evangelio: su enunciado primordial, su columna vertebral, su fuerza transformadora, sus fundamentos.
“Comienzo (=fundamento) de la buena Noticia de Jesús a quien confesamos como el Cristo el Hijo de Dios” (1,1).
Hasta donde sabemos, Marcos es el primero que hace una nueva evangelización, que no es reevangelización sino un volver creativamente sobre los fundamentos del primer anuncio para darles una nueva expresión en la realidad de los años 60s. Él es consciente de que es el Resucitado el que sigue dirigiendo su comunidad en las nuevas circunstancias de la historia y que en consecuencia, el Señor está abriendo nuevos caminos (no es simple repetición de lo realizado 20 años atrás).
Marcos, entonces responde llevando a la comunidad a una fuerte contemplación del rostro de Jesús: JESÚS ES EL MESIAS FIEL, OBEDIENTE AL PADRE HASTA EL FINAL, el que vivió constantemente presionado y amenazado y siempre siguió adelante (Cfr. 1, 14; 2, 6-7. 16. 18. 24; 3.6; 8,11:11,18; 12,13).
Marcos hace un nuevo llamado a la MARTIRÍA: todo discípulo es testigo con su vida y con su palabra de la veracidad del Reino y por ello está lla,ado a ir hasta el fin. La verdadera “martiría” es la perseverancia, la firmeza profética en la opción frente a los antivalores del mundo. Marcos ve, incluso, positiva toda esta situación, se trata de una maravillosa ocasión de fortalecimiento y de evangelización: “para que deis testimonio ante ellos” (13,10). Pero las dos condiciones para el discípulo son:
- que permanezca firme: “el que persevere hasta el fin, ése se salvará” (13,13).
- La revisión continua de la propia vida en medio de la “prueba de fuego”:
- “Mirad por vosotros mismos” (13,9)
- “Estad atentos y vigilad” (13,33; Cfr. 13, 37).
El relato de la pasión educará al discípulo en el ejercicio de la vigilancia (mostrando todos los puntos que uno generalmente descuida y por donde generalmente comienzan revientan las crisis), condición para llegar hasta él tomando la cruz.
- ¿CÓMO ENCONTRAR EL FUNDAMENTO PARA RESPONDER A NUESTRA CRISIS DE HOY?
- la invitación primera de la exhortación Apostólica Ecclesia in América: el encuentro con el Señor.
Los dos primeros capítulos de la citada Exhortación Apostólica iluminan nuestra vida eclesial y nuestro servicio evangelizador. Tratan precisamente del encuentro con Jesucristo vivo (cap. 1) en el hoy de América (cap. 2). Ha llegado la hora de reflexionar en nuestras comunidades sobre estas orientaciones, y de hacer profundo discernimiento acerca de la vida cristiana, personal y comunitaria, la proclamación del kerigma, la labor catequética, la preparación a los sacramentos, la vida litúrgica, la acción social y la solidaria, preguntándonos si ellas conducen al encuentro con Jesucristo vivo, si celebran el encuentro con el Señor, si lo prolongan y lo anuncian a quienes están lejos de Él o no lo conocen. En efecto, repasemos nuestra vida a la luz de “los encuentros con el Señor en el nuevo testamento (EiA n. 8), que fueron personales y comunitarios (n. 9), y que se prolongan en el tiempo de la Iglesia (n. 10). Recurramos a la riqueza mariana de nuestros pueblos, para encontrar a Jesús (n. 11) y descubramos “los lugares de encuentro con Dios” (n. 12), consientes de buscarlo, para convertirnos en seguidores suyos en el hoy de nuestra América (EiA, cap. II).
- La Iglesia, lugar del encuentro con Jesús vivo.
En la comunidad post-pascual Jesucristo sigue siendo el único Maestro. La relación con los nuevos discípulos continua por medio de los apóstoles quienes, en cumplimiento de la misión que el Señor les encomendó, predican la Buena Nueva, curan a los enfermos, bautizan en su nombre y celebran la fracción del pan. Así, la comunidad de seguidores de Jesús, después de la Ascensión, se convierte en la escuela del autentico discipulado. Según leemos en el libro de los hechos, los discípulos “daban testimonio con mucha fortaleza de la resurrección de Jesús, el Señor” (4,33) mediante la vida en común, concretizada en la comunión de bienes.
La vida en al comunidad eclesial supone un proceso de conversión que incluye diversas fases, y que dura toda la vida. Como a Pedro, tambien a cada uno de sus discípulos, Jesús nos dirige, como primera y ultima palabra, “SIGUEME” (Jn. 1, 4; Jn. 21, 19). Los apóstoles preparaban a los nuevos discípulos para entrar en comunión con el Señor Jesús en el Espíritu Santo, especialmente a través de la Eucaristía, que, a la vez, educa para la comunión, la crea y la celebra. En este contexto, Pablo invitaba a los fieles de Corinto a “reflexionar sobre la verdadera realidad de la Eucaristía, con el fin de hacerlos volver al espíritu de comunión fraterna”.
Esta pedagogía debe tomar en cuenta que la pertenencia a la Iglesia no es un simple dato sociológico o jurídico, sino un don del Señor que implica un compromiso de vida comunitaria, centrado en el amor, con todas las exigencias que esto tiene. La Iglesia es ante todo, una familia: La Iglesia Madre que continúa dando a luz, alimenta y educa. A este respecto, se considera indispensable la valoración de los sacramentos de la Iniciación Cristiana, a partir del Bautismo que, al mismo tiempo, nos hace discípulos de Cristo y miembros de la comunidad eclesial; reconociendo que no siempre se ha ofrecido una adecuada preparación que robustezca el sentido de pertenencia eclesial, y que permita comprender vitalmente que no se puede aceptar plenamente a Cristo si no es en el interior de la comunidad cristiana.
- La misión del discípulo hoy, en América Latina y el Caribe.
Se percibe como una gran urgencia pastoral la Nueva Evangelización en los distintos contextos culturales: en particular, la atención a los grupos indígenas, afrodescendientes, valorando la pluralidad de sus expresiones culturales, y buscando una adecuada inculturación de la liturgia; asimismo, la pastoral urbana que debe seguir promoviendo un nuevo modelo de evangelización, que tome en cuenta esta realidad; así como también la evangelización de la religiosidad y piedad popular. Especial atención merecen los grupos que dirigen la economía, las comunicaciones y la política de nuestros países, ya que se constata con frecuencia en fuerte divorcio entre los valores de la fe cristiana (que la mayoría de ellos profesa) y su puesta en práctica en dichos campos.
Como discipulos de Jesús, “no podemos callar lo que hemos visto y oido” (Hech 4, 20). Todo cristiabno está llamado, según su vocación y estado de vida, a anunciar a cristo con su palabra y, sobre todo, con su vida. Pero hay también un ámbito que no podemos descuidar, y que, a lo largo de la vida cristiana de América Latina, ha estado poco presente: la “missio ad gentes”, que nos permita dar de nuestra pobreza para que a quienes no conocen a Cristo, puedan descubrir en Él la alegría de saberse y sentirse hijos e hijas del mismo Padre.
Otro de los campos prioritarios para el discípulo es el acercamiento y la búsqueda de la unidad entre todos los que creemos en Cristo: el trabajo ecuménico se verá extraordinariamente robustecido con la escucha orante de la Palabra de Dios: el crecimiento de los grupos bìblicos, la implementación de la lectio divina, la meditación bíblica en las comunidades eclesiales de base son medios que, en la medida que se promueven y animen, ayudarán a hacer realidad la oración de Jesús: “Que todos sean uno (…) para que el mundo crea que tu me has enviado” (Jn 17, 21)
El amor misericordioso y preferencial por los más pobres y excluidos de nuestro continente es una prioridad esencial del discípulo de Jesús. En ello nos jugamos nuetra identidad y nuestra credibilidad, e incluso la posibilidad de participar en el Reino eterno (Cfr. Mt 25, 31-46). Por tanto, el discípulo debe tener un corazón lleno de compasión y de imaginación caritativa, para hacer suyos los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y para comprometerse en la transformación de los sistemas políticos, económicos y sociales que atan a la miseria a millones de pobres en nuestro continente y en el mundo. De particular urgencia es atender la progresiva marginación de los campesinos, de los indígenas, de los afrodescendientes, d elos desempleados y de los ancianos.
Otras urgencias para los discípulos de Jesús en nuestro Continente son: la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural, el fortalecimiento de la familia frente a las leyes que la amenazan o destruyen, a las campañas antinatalistas y las políticas totalitarias de numerosos gobiernos, así como el progresivo debilitamiento de su identidad humana y cristiana; la promoción del derecho de libertad de conciencia y a la libertad religiosa; la participación en una actividad política solidaria para buscar la justicia, la reconciliación, el perdón y la paz en las comunidades y en los pueblos, a través de una “cultura de gratuidad”; la defensa del derecho al trabajo, elemento clave de la cuestión social; la distribución equitativa de los bienes, teniendo en cuenta la función social que es intrínseca a la propiedad privada y la responsabilidad por el medio ambiente; la educvación, que prepara alas nuevas generaciones que son el futuro de la sociedad y de la iglesia, y del diálogo interreligioso.
Los discípulos tienen puesta su esperanza en Jesucristo, Señor de la Historia, quien los ha llamado a realizar este proyecto del reino de Dios. La iglesia, discípula del Señor, debe convertirse en casa y escuela de comunión, espacio de espera para todos los hombres y mujeres de nuestro continente, que impulse a construir un mundo más justo y solidario, a través del cual vislumbramos la plenitud de las promesas de Dios en el reino de los cielo y que esperamos poseer, un día: voy a prepararles un lugar (…) para que puedan estar donde voy a estar yo” (Jn 14, 2-3).
¿CUÁL ES EL FUNDAMENTO DE LA IGLESIA DE MARCOS?
Veamos dos convicciones del evangelio de Marcos que estàn detràs de la certeza que él tiene en qué responderá efgectivamente a la realidad de su comunidad si les renueva el primer anuncio:
- La primera es que si hay problemas no es culpa de la opción. Si el árbol no llega a fructificar no es culpa de la semilla (cfr. Las parábolas de la semilla).
- La segunda es que la clave está en la atención a los procesos. Marcos distingue dos tipos de personas representadas en las dos higueras mencionadas en su ministerio en Jerusalén:
- Aquellos que se han cerrado voluntaria y definitivamente a la Palabra, ahí ya no hay mucho que esperar: es la acción simbólico-profética de 11,20.
- Aquellos que tienen dificultades pero en los cuales hay signos de vida y por lo tanto hay una fuerte esperanza: la higuera es la que asoman discretamente los brotes en 13,28.
Si la cuestión se plantea finalmente en casos “cerrados” (para los cuales el evangelio augurará luego una nueva esperanza), y en casos “abiertos”, que es el caso de la comunidad con dificultades pero de todas maneras con vitalidad, comienza a quedar claro que la obra de Jesús es básicamente creacional.
- Marcos no teme utilizar, para calificar la obra de Jesús en uno de los sumarios, parafraseados los términos del Génesis: “Todo lo ha hecho bien” (7, 37).
- La alusión frecuente a los vegetales en el evangelio de Marcos y las escenas del mar caótico que se pone en orden, evocan acciones creacionales.
- El término preferido por Jesús en las grandes acciones de poder evocar acciones vivificadoras idénticas a la resurrección, en el término “Levántate (egeiro): lo hace con el paralítico perdonado (2,11), con el pecador escogido como discípulo (2, 14), con la vida truncada de una niña (5, 43), con el niño al que los discipilos no fueron capaces de sanar (9,26), con el ciego marginado en el camino (10, 50).
Marcos nos enseña que la obra creadora de Jesús sólo es posible en la comunión con Él. Por eso el acento que tiene el tema del seguimiento e igualmente la manera particular que tiene Marcos de narrar los milagros, los diálogos con Jesús y los continuos contactos físicos entre Jesús y la gente.
En otras palabras, la eficacia de la semilla poderosa del Reino supone la atmósfera de la relacionalidad con Jesús en términos de ALIANZA con él. El “seguimiento” es la manera de tejes procesualmente esta Alianza. Y el horizonte último de la alianza con Jesús es la comunión con el Padre, de quien Jesús es el único hijo y a quien Él nos conduce.
Es decir, el fundamento de la propuesta de Jesús es la ALIANZA. En el marco de la relación “YO”-“TU” con Dios, siguiendo el camino de Jesús, el hombre se hace nuevo y es atingido por la obra del Espíritu.
El impulso de esta relación la da la CONFIANZA de Jesús a la persona a la que llama, su amor siempre primero y siempre fiel.
Ya vimos la tremenda confianza que Jesús tiene con los discipulos que lo abandonaron, en realidad es una gran confianza en que su obra tiene eficacia, aún allí donde se puede haber perdido la esperanza. En esta confianza el discípulo se descubre a sí mismo: ¿Quine soy yo para ser amado y buscado de esta manera?, pero la respuesta sólo será posible si responde a esta ¿Quién eres tú, capaz de ir hasta el final por mi?
Jesús confía en sus discípulos porque conoce la fuerza poderosa de su amor. La vida del discípulo es un proyecto ideado por Dios especialmente para él y como una expresión de su amor. Cada uno de nosotros es esa persona a quien Dios ha amado con toda esa intensidad y verdad desde la Cruz.
Este es el principio fundante de la vida del discípulo, el marco desde el cual nos preguntamos por nuestra identidad y construimos nuestro proyecto de vida. Es desde este principio que se “recrea” constantemente una comunidad.
¿NO LES PARECE QUE SINE INTRODUCE EN ESTE “PRINCIPIO FUNDANTE”?
C. SINE: UN PROPECTO DE IGLESIA DE NUESTRO TIEMPO (RECREACIÓN DE NUESTRA COMUNIDAD ECLESIAL POR LA CRUZ).
- LA GLORIA DE DIOS ES QUE EL HOMBRE VIVA.
La compleja realidad que caracteriza a las sociedades y a la Iglesia en América Latina y el Caribe es parte del desafío que la Iglesia Universal tiene que afrontar, en este tiempo, en fidelidad a su misión y como consecuencia de su Ministerio de la Encarnación y Redención. No es posible afirmar plenamente la fe en Jesucristo, Dios y hombre verdadero, si no son acogidas, por parte nuestra, todas las realidades humanas.
Seguir a Jesús significa seguirlo en el compromiso radical que realizó al encarnarse, es decir, al asumir toda la compleja y frágil condición humana. También para nosotros vale: lo que no es asumido no es redimido.
Un seguimiento discipular de Jesús, que prescindiera de estas consideraciones, correría el riesgo de disolver la especificad del cristianismo en una modalidad de creencia en un Dios lejano, al margen de la historia. La iglesia, continuando su labor evangelizadora, hoy como ayer, afirma en palabras de Juan Pablo II: “La gloria de Dios es que el hombre viva”. Estamos aquí, puede decirse, ante la definición más profunda del hombre: la gloria de Dios es el bien común de todo lo que existe; el bien común del género humano (Carta a las familias n. 11).
2.- EL PROYECTO SINE EN LA CONSECUCIÓN DEL MUNDO NUEVO.
Esperamos que este V Congreso del Sistema Integral de la Evangelización impulse con nuevos bríos a nuestras parroquias que van ajustándose al proceso de Evangelización que pide la Iglesia, y así se lancen las redes, una vez más, en el nombre del Señor. Esperamos que nuestras parroquias, en común con sus Obispos, generen lazos permanentes de fraternidad y comunión y se llegue al corazón de laas familias y de la cultura.
Si bien es cierto que, al tèrmino del Concilio el Papa Paulo IV describió a las iglesias de América Latina como una Iglesia orgánicamente débil;la acogida de las enseñanzas del mismo Concilio y de los Sínodos que le has subseguido, así como el testimonio y las visitas del Papa Juan Pablo II y otros factores, han abierto un camino nuevo, que está fortaleciendo orgánicamente a nuestra iglesia con la gracia de Dios.
Entre esos “otros factores” se encu entra la genial síntesis de la enseñanza de los Papas y de los Concilios, a lo largo de las últimas cinco décadas: EL SISTEMA INTEGRAL DE LA EVANGELIZACIÓN, hecha por el Padre Alfonso Navarro.
Ya en 1974 hizo suya la comprensión de “Evangelización” que resumió el Sínodo de este año:
- KERIGMA, Como primer anuncio o predicación misionera
- MINISTERIO0 DE LA PALABRA, proceso dinámico en etapas.
- MISIÓN DE LA IGLESIA, profética, sacerdotal y regia.
- TRANSFORMACIÓN SOCIAL que coincida con el designio de Dios.
Movido por su celo pastoral y el dolor de ver la progresiva descristianización de grupos enteros de “católicos” tomó al vuelo el llamado que, desde 1983, en Haití, el Santo Padre Juan Pablo II hizo a la Iglesia Latinoamericana que se preparaba entonces a la celebración de su IV Conferencia Episcopal, y que el mismo Papa aplicó, después, a toda la iglesia: EL LLAMADO A LA NUEVA EVANGELIZACIÓN; entendiéndola como Juan Pablo II lo aplicaba en la Redemptoris Missio, n. 33.
“Al interior de la única misión de la iglesia, las diferencias nacen de circunstancias diversas en las que ella se ejerce. Desde el punto de vista de la evangelización, podemos distinguir tres situaciones:
- Misión ad gemtes, o actividad misionera d ela iglesia a pueblos, grupos humanos, contextos socio-culturales en los que Cristo y su evangelio no son conocidos, o en los que no hay comunidades cristianas maduras. (ahí se da primero el anuncio kerigmático).
- Pastoral de la Iglesia, a comunidades cristianas con estructuras eclesiales fuertes y adaptadas, con la fe y la vida fervientes, que dan testimonio del Evangelio de manera irradiante en su medio.
- Nueva Evangelización o re-evangelización, como situación intermedia, en los paises de vieja tradición cristiana, o grupos enteros de bautizados que han perdido el sentido de la fe viva, hasta incluso no reconocerse miembros más de la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio”. RM33
Y comentaba el Padre Navarro:
“El Papa dice que la Nueva Evangelización es algo intermedio entre la misión y la pastoral. Lo cual quiere decir que tiene un pie en la misión y otro en la pastoral; que primero debe cumplir el kerigma, como en las misiones, pero luego dar un seguimiento pastoral, porque se dirige a católicos ya bautizados. Debemos entender misión y pastoral, como algo diferente y sucesivo. No son sinónimos, aunque muchas veces se toman así.
Él dice: “la mayoría de los católicos bautizados son, como adultos, verdaderos catecúmenos”. Y la tradicional oferta de la Iglesia a los catecúmenos era un proceso largo y bien organizado de kerigma primero, seguido de una catequesis completa, y sólo al final se aceptaba a la participación plena en la Eucaristía. Cfr. CT 44.
Las intuiciones del Padre Navarro han venido siendo refrendadas por el Magisterio Pontificio, cuando, por ejemplo en el Sínodo de América, No 36 se insistía en algo que el Padre Navarro sostenía a capa y espada: Se hace necesario un plan diocesano de Evangelización, “Correspondo al Obispo, con la cooperación de sus Sacerdotes, los consagrados y los laicos (…) realizar un plan de acción pastoral de conjunto, que sea orgánico y participativo, que llegue a todos los miembros de la Iglesia y suscite la conciencia misionera”.
El Padre Navarro lo afirmaba desde antes del Sínodo así:
“Plan global que señale principios y líneas rectoras, cauces direccionales y elementos esenciales, sugiriendo estrategias que permitan cumplir bien la tarea en todas las instancias pastorales, especialmente en las Zonas pastorales, Decanatos y Parroquias.
Plan Misionero y Pastoral, no sólo pastoral, que coincida en los puntos esenciales, que todos deben cumplir.
Un Plan diocesano no puede tener sólo prioridades coyunturales o destinatarios preferenciales, sino contener en él siempre cada uno de los elementos de la misión y de la pastoral de la Iglesia. Las prioridades son sólo énfasis que sobresalen en un momento especial de problema o de necesidad; prioridades solas no merecen llamarse “Plan Pastoral”.
Al no haber un Plan de conjunto en la Diócesis, cada Parroquia lleva algo diferente, y cada párroco hace lo que quiere o lo que puede. Por lo cual no se cumple el plan de Jesús en la misión que dio a su Iglesia, y el Pueblo de Dios sufre las consecuencias.
Este Plan Global (proyecto que debe ser un proceso dinámico en etapas, por pasos, hacia un objetivo definido, con metas precisas) tiene un Objetivo preciso: llevar al encuentro con un Cristo vivo, con un Espíritu Santo activo, para conformar una Iglesia nueva en un mundo nuevo”.
“Además, pues, de la conversión moral y espiritual, -decía el Padre Navarro- hace falta una Conversión Pastoral de toda la Iglesia, como lo señala Santo Domingo en el número 30”.
¡Todavía estamos lejos, globalmente hablando, de haber alcanzado cierta madurez en el proceso de conversión pastoral, para generar un mundo nuevo, con la fuerza del Espíritu!
D. EL PLAN EVANGELIZADOR DE SINE: ¡UNA PROFECÍA!
Se hace necesario un proyecto para nuestras Iglesias de América Latina y el Caribe. Algunos señores Obispos de Europa (v. gr. El Cardenal Miroslav Vek, Arzobispo de Praga) esbozan la imagen de una Iglesia europea minoritaria con autoridad y una fuerte identidad. Sostienen que hacia ese futuro también América Latina se avecina en la medida en que entre la globalización del secularismo en la mentalidad de nuestra gente. ¿Será, en verdad, ése nuestro futuro? ¿Hasta dónde llegará nuestro sueño de ir a todos + involucrados todos + dando todo?
Conscientes de remar contra corriente, pero más concientes de “la fuerza del Evangelio para todo el que cree” Rm 1,16, asumimos este Plan Evangelizador como un profecía.
Decía el Padre Navarro:
“El plan y el proceso no terminan nunca; con cada vez más gente involucrada en la vida parroquial y los evangelizados, bien integrados en comunidades, en una parroquia, comunión de comunidades, un verdadero cuerpo unido y cohesionado, discípulos más crecidos y maduros, y apóstoles seriamente comprometidos en la Iglesia y en el mundo.
Hay que tomar en serio que Dios quiere que todos los hombres tengan salvación y lleguen al conocimiento de la verdad. Hay que cumplir en serio el mandato de ir por todo el mundo y evangelizar, proclamando la Buena Nueva a toda creatura, y formar discípulos de todas las gentes, bautizándolas, y enseñándoles la doctrina de Jesús para cumplirla y transformar sus vidas.
Con un solo corazón y una sola alma, que se congregan en el templo y por las casas, que comparten y no hay entre ellos ningún necesitado, siento testigos con poder de la presencia del Señor resucitado, y convirtiéndose en apóstoles, misioneros y evangelizadores ungidos y valientes, anunciando, estableciendo y extendiendo el Reino de Dios.
SANTOS + HERMANOS + APÓSTOLES
Este “proyecto” es fecundo porque está acorde primordialmente con el único proyecto auténtico sobre el mundo, que es el proyecto de Dios, expuesto en la primera página de la carta a los Efesios, que ya hemos escuchado. Dicho proyecto no se realiza perfectamente en este mundo, sino que mira a la eternidad de Dios y a la plenitud de la manifestación del Señor al final de los tiempos. Y además se debe verificar con el “discurso de la cruz” del que habla san Pablo en la primera carta a los Corintios ( 1Cor 1,18-25). El “discurso de la cruz” expresa, en efecto, la metodología de todo actuar cristiano y está fundado sobre el “valor” de lo que parece no tener valor ni eficacia: la derrota, la pérdida, la injusticia sufrida. En positivo, el “discurso de la cruz” queda expresado por las bienaventuranzas evangélicas (cfr. Mt 5,3-12) y por las quince características de la caridad con las que san Pablo define el obrar cristiano como “paciente, bondadoso, no envidioso ni orgullosos, etc.” (1 Cor 13,4-6). Un obrar que no atiende a la eficiencia del hacer, sino a la calidad de las relaciones, inspiradas por el ejemplo de Jesús. Sólo un proyecto así merece el nombre de proyecto cristiano.
Para concluir, nos preguntamos: ¿Cuáles son nuestras responsabilidades ante una sociedad dominada por fenómenos de cambio rápido e innegable deterioro?
La respuesta corre por los derroteros de la coherente inspiración evangélica. La temática de este V Congreso Internacional lo ha señalado. Del Evangelio, en efecto, y de una tensión permanente hacia el Señor Jesucristo, los cristianos sacan la luz y el apoyo esencial para sus actividades en cada país y región de esta “aldea planetaria” y para interpretar las realidades de la misma aldea humana. SINE empuja la fermentación del Evangelio en las masas de esta aldea, pues une Evangelización (Kerigma – Ministerio de la Palabra- Misión profética –Sacerdotal y Regia) y el testimonio de la caridad (transformación social).
En efecto, SINE conduce a una conciencia más viva de cómo, junto a la caridad espiritual (ofrecida con el pan del evangelio) y a la material (ofrecida con la ayuda para el pan, el techo y el trabajo), existe hoy una particular necesidad de la caridad “cultural”; por tal entiendo una atención amorosa a los hechos de cultura, es decir, a los valores, significados, lenguajes, modos expresivos de nuestra sociedad y a su vínculo con la transmisión del mensaje cristiano. Por eso la Iglesia ha decidido dedicar mayor tiempo y energía a los núcleos del pensamiento y la acción en los que el evangelio toca y es tocado por las actitudes, los modos de pensar y las corrientes culturales contemporáneas, promoviendo un proceso dinámico y conjunto de estudio, reflexión, diálogo y acción con vistas a la evangelización de las culturas y a la inculturación del evangelio; en otras palabras, la Iglesia ha decidido apostar, como Ambrosio en otro tiempo, por la posibilidad de que el evangelio vivido y pensado sea germen y fermento de cultura.
Por eso la Iglesia en nuestras Provincias Eclesiásticas –como ocurre en todos los lugares donde se proclama el evangelio– percibe la tarea de ofrecer itinerarios culturales que formen personas, no sólo sensibles a la trascendencia y que escuchen la Palabra, sino también capaces de reflexión crítica y abiertas al diálogo cultural.
Cualquier lugar de evangelización –desde las parroquias hasta las asociaciones locales- conlleva un valor cultural, puesto que la fe no es nunca una experiencia “desencarnada”, capaz de realizarse auténticamente fuera de un contexto y de condiciones históricas determinadas. Sin embargo, existen lugares, con fisonomías muy variadas, destinados específicamente a la tarea de ayudar a la comunidad cristiana a profundizar la relación entre Evangelio e historia, entre Evangelio y valores de la cultura dominante, y a reflejar así la creatividad propia de la Buena Nueva. Un centro cultural católico es uno de estos lugares.
En tal contexto se sitúa la tarea de las comunidades cristianas de proponer y garantizar itinerarios escolares (desde el parvulario a la formación profesional) marcados por una identidad educativa precisa, que, sin legitimar ninguna cerrazón confesional ni ningún aislamiento cultural, debe ser para todos una propuesta de diálogo y de confrontación para un enriquecimiento real de todo el sistema público de enseñanza, caracterizado por la autonomía, por la integración de las diversas iniciativas educativas y por la efectiva igualdad jurídica y económica entre todas las escuelas que ofrecen un servicio público (estatales y no estatales).
SINE ESCOLAR ENTRA, EN CONSECUENCIA, EN LA PROFECÍA
La Iglesia se propone hacer esto para el bien de toda la ciudadanía, que, con vistas a un futuro armónico e integrado, tiene interés en escuchar y sostener toda propuesta educativa auténtica. Con la implicación autoritativa de más posturas, el bien común gana ciertamente una concreción de perfil formativo, en una dialéctica constructiva entre las legítimas diferencias.
Nuestra sociedad no tiene alternativas a la tensión hacia la integración organiza de todos los sujetos educativos, a menos que nos reduzcamos a una contigüidad de universos incomunicables. Sobre esta convicción, los cristianos han construido desde siempre la conciencia de que deben estar presentes con su identidad precisa en la ciudad de los hombres, como fuerza crítica y profética.
E. CONCLUSION
EL SUEÑO DE UNA IGLESIA, FERMENTO DE LA SOCIEDAD
La sociedad actual latinoamericana y occidental se constituye, mejor, se expresa –a veces de manera constructiva, a veces de manera destructiva–, no siguiendo una visión orgánica, inspirándose en un proyecto verdadero y propio, sino valorando algunas intuiciones de fondo conectadas con la idea de a libertad del individuo, cuyo único límite sería el respeto de las libertades de los demás. Decía Su Exc. Mons Lehman, arzobispo de Maguncia, que la historia de la modernidad (iluminismo, liberalismo) nos entrega una sociedad en la que lo público garantiza las libertades y lo privado escoge las opciones (incluida la religiosa). Sin embargo, se excluye la cuestión de la verdad, y de ello deriva un pluralismo que amenaza continuamente con sobrepasar los límites de la autodestrucción.
Naturalmente, sería fácil ampliar este discurso sirviéndose de las numerosas investigaciones sociológicas y conductistas que describen nuestra vida social con acentos resignados, catastrofistas e incluso apocalípticos, casi nunca con acentos de optimismo y confianza.
Sin embargo, no serán los análisis pesimistas los que mejoren el mundo, y tampoco bastará un apesadumbrado llamamiento a los valores o a la legalidad para hacer que las cosas vayan mejor. Más bien, puesto que nuestros defectos los conocemos perfectamente, hemos de conseguir una perspectiva positiva, un sueño de futuro que nos permita afrontar con energía y coraje el cambio de milenio.
La petición contenida en el marco de esta última conferencia, Al final del V Congreso, ¡Soñemos!, quiere expresar, precisamente, la esperanza que puede venir de una visión de futuro que deje espacio a la potencia de Dios y a la fuerza constructiva de las bienaventuranzas evangélicas, no de un repliegue obsesivo y analítico de nuestros males. A todas las personas y grupos de buena voluntad de nuestras parroquias se les pide, pues, que se inspiren en proyectos positivos; que miren al hombre prudente del evangelio que, fiándose en las palabras del sermón de la montaña, pone en práctica y construye una casa que resiste a todos los huracanes (Cfr Mt 7,24-25); que acojan al Espíritu, el cual hará, sí, que en los “últimos días” –también lo son los nuestros- “vuestros jóvenes tengan visiones, y vuestros ancianos, sueños” (Cfr Hech 2,17). El sistema integral de la nueva evangelización nos cultiva en este optimismo.
Me viene a la mente aquel sueño de Iglesia capaz de ser fermento de una sociedad que expresó el Cardenal Carlo María Martini, el 10 de febrero de 1981, un año después de su entrada en la diócesis de Milán, un sueño que continúa sirviendo de inspiración:
- una Iglesia plenamente sometida a la Palabra de Dios, nutrida y liberada por esta Palabra;
- una Iglesia que pone la Eucaristía en el centro de su vida, que contempla a su Señor, que realiza todo cuanto hace “en memoria suya” y tomando como modelo su capacidad de entrega;
- una Iglesia que no teme utilizar estructuras y medios humanos, pero que se sirve de ellos sin convertirse en su sierva;
- una Iglesia que desea hablar al mundo de hoy, a la cultura, a las diversas civilizaciones, con la palabra simple del evangelio;
- una Iglesia que habla más con los hechos que con las palabras; que no dice sino palabras que parten de los hechos y se apoyan en los hechos;
- una Iglesia atenta a los signos de la presencia del Espíritu en nuestros tiempos, allí donde se manifiesten;
- una Iglesia consciente del camino arduo y difícil de muchos contemporáneos, de los sufrimientos casi insoportables de una gran parte de la Humanidad; sinceramente partícipe de las penas de todos y deseosa de consolar;
- una Iglesia que lleva la palabra liberadora y estimulante del evangelio a aquellos que están abrumados por cargas pesadas;
- una Iglesia capaz de descubrir a los nuevos pobres y no demasiado preocupada con errar en el esfuerzo de ayudarles de manera creativa;
- una Iglesia que no privilegia ninguna categoría, ni antigua ni nueva, que acoge igualmente a jóvenes y ancianos, que educa y forma todos sus hijos en la fe y la caridad y desea valorizar todos los servicios y ministerios en la unidad de la comunión;
- un iglesia humilde de corazón, unida y compacta en su disciplina, en la que sólo Dios tiene el primado;
- una Iglesia que obra un discernimiento paciente, valorando con objetividad y realismo su relación con el mundo, con la sociedad de hoy; que impulsa a la participación activa y a la presencia responsable, con respeto y deferencia hacia las instituciones, pero que recuerda bien la palabra de Pedro: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 4,19).
Del sueño de una Iglesia así y de su capacidad de servir a la sociedad con todos sus problemas, nace la invitación a soñar. ¡Soñemos! ¡Miremos más allá de las penalidades de cada día! ¡Inspirémonos en grandes ideales! Contemplemos con libertad las figuras que, como Juan Pablo II, han marcado un cambio de época, no con empresas militares ni con reformas impuestas desde arriba, sino valorizando la vida cotidiana de la gente, enseñando que la fuerza y el reino de Dios están ya en medio de nosotros, y que basta abrir los ojos y el corazón para ver en acción la salvación de Dios.
La fuerza de Dios está en medio de nosotros en la capacidad de acoger la existencia como don, de experimentar la verdad de las bienaventuranzas evangélicas, de leer en las adversidades mismas un designio de amor, de sentir que el discurso de la cruz vuelve del revés las opiniones corrientes, vence los miedos ancestrales y permite acceder a una nueva comprensión de la vida y de la muerte.
Nuestro sueño no será, entonces, evasión irresponsable, ni fuga de las penalidades cotidianas, sino apertura de horizontes, lugar de nueva creatividad, fuente de acogida y de diálogo. De ello también nuestras parroquias, nuestras diócesis, tienen gran necesidad, para ser digna de la herencia de civilización y de fe de aquel que en la aurora del Tercer Milenio nos gritó con todo el ardor de su amor a Jesús: Duc in altum! (¡Remen mar adentro!)
“Duc in Altum”. Esta palabra resuena también hoy para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro: “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre” (Heb 13,8)”. (Juan Pablo II, Novo Millenio Ineunte, n.1).
QUERÉTARO, Septiembre 2005
Mons. Juan Abelardo Mata. Obispo de Esteli Nicaragua