V. CONGRESO INTERNACIONAL 

ITINERARIO CATECUMENAL QUE FORMA DISCÍPULOS

                                                                               CONF. 5
  1. EL CATECUMENADO

(2) CATECUMENADO: “Ejercicio de dar instrucción en la fe católica con el fin de recibir el bautismo. Tiempo en que se imparte o recibe esta instrucción” (Diccionario de la Lengua Española).

Pensar en un itinerario, un camino en la Iglesia, en este tiempo de evangelización y de urgencia de una presencia nueva en el mundo, para hacer discípulos de Cristo, es regresar a las fuentes del nacimiento de la fe, para descubrir el Catecumenado.

Entre los mismos cristianos no existe hoy  claridad sobre la esencia y razón de ser del Catecumenado. En los primeros siglos  el Catecumenado era la iniciación cristiana, el camino, el acompañamiento, la evangelización que ofrecía la Iglesia   a aquellos, que habiendo oído el anuncio del misterio de Cristo y bajo la acción del Espíritu Santo que les abría el corazón, conciente y libremente, buscaban al Dios vivo y emprendían el camino de la fe y de la conversión (Cf. RICA,1).
 
El Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA), en las observaciones previas  dice: “La iniciación de los catecúmenos se hace gradualmente, en conexión con la comunidad de los fieles que juntamente con los catecúmenos consideran el precio del misterio pascual y renovando su propia conversión inducen con su ejemplo a los catecúmenos a seguir al Espíritu Santo con toda generosidad” (RICA, 4).

La realidad que vivimos, de secularismo, indiferencia religiosa y de alejamiento de la Iglesia nos hace descubrir que no sólo para aquellos que no conocen a Cristo, sino también para todos los bautizados, es necesario un catecumenado,  como un elemento decisivo para la verdad y autenticidad de la fe y de la vida de la comunidad cristiana.

No podremos hablar de una verdadera evangelización si se prescinde del catecumenado, ni se puede decir que hay catecumenado que no implique la evangelización. (3) De la unión entre evangelización y catecumenado depende:

-Que la Iglesia sea evangelizadora 
-Que haya una verdadera comunidad cristiana
-Y una auténtica iniciación cristiana.
Para poder cumplir con esto, es necesario conocer los (4) dos aspectos fundamentales del catecumenado

    1.  (5) Justificaciones del catecumenado en el hoy de la Iglesia:

Expongamos las razones que justifican en el momento actual de la historia de la Iglesia, su necesidad generalizada y su importancia fundamental dentro del proceso global de hacer verdaderos cristianos y renovar la comunidad cristiana, extendiendo el Reino de Dios en el mundo. 

1.2  (7) El Catecumenado como proceso de iniciación

El catecumenado, antes o después del bautismo, es un proceso de iniciación en la fe y en la vida cristiana.

La “iniciación” es el fenómeno humano general, que obedece al proceso de adaptación que todo hombre se ve llevado a vivir para venir a participar en la vida social, cultural y religiosa de un grupo determinado. Uno de los aspectos más importantes es el religioso que se manifiesta en una ritualidad específica, que remite al mundo de los sagrado, (introducirse, entrar dentro de) (in-eo). Este elemento es fundamental en la apertura a la comprensión de los misterios de la fe. 

El conjunto de ritos y enseñanzas orales, testimoniales y de acompañamiento tiene por finalidad producir una radicalidad en la experiencia y llevar a una opción fundamental de vida que permita un cambio en el estatuto social y religioso de la persona que vive esta iniciación. 

Este proceso de referencia vital al arquetipo o modelo originario (Cristo), se manifiesta en un proceso de “muerte iniciática”  por el que se abandona lo anterior para venir a vivir algo nuevo, como un “nuevo nacimiento”, por el que se acepta una vida y sentido nuevos; como un tránsito que implica a la vez separación, prueba y reintegración en una nueva comunidad; un tiempo y un espacio especiales para transmisión y apropiación personal y existencial de los valores y símbolos, las normas y metas propias del grupo a que se pertenecerá, como un momento de revelación y experiencia de lo sagrado de Dios.

Por tanto, (8) el Catecumenado es:


El “Catecumenado” (de “katejein”, instruir en la palabra) es la instrucción iniciática de carácter catequético-litúrgico-moral, creado por la Iglesia en los primeros siglos para conducir a los convertidos adultos, al encuentro pleno con el misterio de Cristo y con la vida de la comunidad eclesial, a través de un proceso espaciado y dividido en etapas, que culmina con la celebración de los ritos de los sacramentos de la “Iniciación Cristiana”: Bautismo, Confirmación y Eucaristía, en la vigilia pascual. Es un proceso personal en etapas, en el que la persona se prepara con las disposiciones necesarias para llegar a ser cristiano, dejándose conducir a la verdad de ser cristiano y pertenencia a la Iglesia,. Proceso a través del cual se llega a descubrir y a acoger el don de la fe y la gracia de la salvación. Es el momento de gracia para la manifestación  del amor misericordioso de Dios y la experiencia religiosa que transforma la vida.





1.3 (10) Objetivos del Catecumenado:

El Catecumenado, como camino que conduce de manera progresiva al catecúmeno a ser cristiano auténtico mediante la recepción de los Sacramentos de Iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía, se propone obtener, con la ayuda de la acción de Señor, los siguientes resultados: 
  1. Una adhesión y vinculación afectiva a Cristo: Fe.
  2. Un cambio de vida y la petición del perdón de los pecados: Conversión.
  3. (11) La introducción al misterio y la experiencia de la salvación de Dios, en el Espíritu: Señorío de Jesús y Don de gracia.
  4. Acogida y aceptación, celebración de la convivencia y pertenencia a la comunidad: Comunión.
  5. La participación en las tareas y en la edificación de la Iglesia para el establecimiento del Reino: Compromiso.

(12) El Fruto de un proceso catecumenal serio siempre será: Comunión y Misión.

(13) Desde la Tradición permanente de la Iglesia, el Vaticano II y el RICA nos hacen descubrir los puntos fundamentales del catecumenado:

Hoy debemos hablar, de manera análoga, de la necesidad en la Iglesia de un Catecumenado en vistas a suscitar una experiencia de iniciación cristiana o reiniciación, que haga de quienes han recibido ya los sacramentos del bautismo, la confirmación y la eucaristía, verdaderos evangelizados y creyentes, cristianos adultos, discípulos y apóstoles de Jesús, comprometidos en Iglesia para la construcción del Reino. Los objetivos son idénticos a los del Catecumenado, pero la realización, los medios, el ritmo, la duración... son diversos.

La relación entre (15) catecumenado y kerigma, es uno de los aspectos centrales para comprender el mismo Catecumenado. Sin el kerigma evangelizador por el que se comienza a creer, no puede construirse el edificio cristiano, no puede iniciarse un verdadero catecumenado.


La evangelización siempre tiene dos medios fundamentales:

El Catecumenado no concluye con el cumplimiento del objetivo del kerigma, la fe inicial y la conversión primera, sino que requiere de tiempo y espacio, para que se conozca el contenido de la fe y para que cambie la vida y las costumbres. Para esto es necesario un verdadero acompañamiento catecumenal que ponga en práctica dos principios fundamentales del comportamiento eclesial:
       <No basta el celo pastoral. Hace falta la sabiduría teológica>
       <Si se hace oportunamente, se hace bien> (Sat cito, si sat bene) 
(Tiempo de asimilación y práctica)
(Teólogos salmantinos e iniciación cristiana en la evangelización de América, Salamanca 1988).

“Cada convertido es un don hecho a la Iglesia y comporta una grave responsabilidad para ella, no solo porque debe ser preparado para vivir el bautismo,...sino especialmente si es adulto, lleva consigo como una energía nueva, el entusiasmo de la fe, el deseo de encontrar en la Iglesia el evangelio vivido...” (RM 47).


       2. SINE Y CATECUMENADO

Analicemos desde la perspectiva del RICA  el proceso del Sistema Integral de Nueva Evangelización.

       2.1 Estructura de la Iniciación Cristiana de Adultos

En el  camino espiritual de los adultos, “además del tiempo de instrucción y de maduración, hay grados  o etapas, mediante los cuales el catecúmeno ha de avanzar, atravesando puertas, por así decirlo, o subiendo escalones” (RICA 6).

GRADOS:


RITOS LITURGICOS:

Los grados (puertas o pasos) se sellan con tres Ritos Litúrgicos:

TIEMPOS:

Los grados introducen a los “tiempos” de instrucción y maduración, o son preparados por ellos:


       2.2. El SINE como proceso catecumenal

El Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE) tiene por finalidad hacer de los bautizados, discípulos adultos y apóstoles (proceso catecumenal) y ofrece el espacio eclesial y la metodología para el mantenimiento, crecimiento y ejercicio de la vida cristiana. 
                            E S Q U E M A 
 

       3. DISCÍPULOS DEL SEÑOR JESUS

El fruto de un verdadero catecumenado es un discípulo de Cristo, apóstol para el cumplimiento de la Misión y la construcción del Reino.

       3.1 Maestro y discípulos

Jesús inicia su predicación con el anuncio del Reino y con la invitación a la conversión (Cf. Mt 4,17). Bien pronto se congrega a su alrededor muchos seguidores  y se va conformando el grupo de sus discípulos que lo reconocen como su Maestro. Él escogerá de entre ellos doce que serán sus apóstoles, enviados a anunciar el Evangelio. Una vez resucitado envía los once con esta misión: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 18-20).

“En Antioquia fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de <cristianos>” (Hech 11,26).  

Desde nuestro bautismo nosotros hemos aceptado a Jesús como nuestro Maestro y nos hemos convertido en sus discípulos. El maestro es el que enseña al discípulo una ciencia, un arte u oficio. El profesor transmite a sus alumnos una serie de conocimientos. El maestro deja huella en el corazón. El discípulo es aquel que sigue a su maestro, comparte su enseñanza y su estilo de vida. 

El cristiano ve en Cristo al Maestro del arte de vivir: “Señor, a quién más a ir, tú solo tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).

¿Qué pide Jesús a sus discípulos?

       3.2 Características del discípulo de Jesús:

       - Por lo general el discípulo escogía a su maestro y se inscribía en su escuela, de acuerdo con sus simpatías y conveniencias. En el caso de Cristo, es Él quien llama de manera libre a sus discípulos. Es su determinación. Va él mismo seleccionándolos: “Llamó a los que Él quiso” (Mc 3,13). Cada uno escuchó las palabras “Ven y sígueme”. Alguno tomó personalmente la iniciativa, pero Jesús no le vio una buena disposición (Cf. Lc 9,57 ss ). Jesús les dice a sus discípulos: “No me habéis elegido, soy yo quien os he elegido” (Jn 15,16).

       - Cuando Jesús llama espera una respuesta personal. Quien acepta su llamado se decide por Jesús y acepta ser pescador de hombres, como fue el caso de. Simón, Andrés, Santiago y Juan. (Mc 1, 16-20).


       - Para ir en pos de Jesús hay que dejarlo todo: redes, barcas, familia y las preocupaciones e ilusiones que hasta ese momento llenaban el corazón (Cf. Lc 14,26). Quien no renuncia a sus bienes no puede ser discípulo de Jesús Maestro (Cf. Lc 14,33). Deben pasar a segundo plano los vínculos y el ambiente del mundo para seguirlo completamente a Él. Pero también el discípulo tendrá su propia recompensa, así como Cristo fue resucitado por el Padre. Recibirá en esta tierra el ciento por uno, con persecuciones y luego la vida eterna (Cf. Mc 10, 29-30).

       - Jesús establece con sus discípulos una relación especial de amor. El discípulo está siempre con el Maestro. Jesús llamó a los apóstoles para que estuvieran con Él (Cf. Mc 3,14), y ellos con Jesús conforman una comunidad de vida, escuchan sus palabras y son confidentes de sus explicaciones más precisas. El discípulo sigue a Jesús y confía en Él como la oveja en el Pastor (Cf. Jn 10,3-4), y tiene que compartir su misma suerte que no es otra que tomar con Él la cruz (Cf. Lc 14,27). Los discípulos no son siervos, sino amigos porque a ellos Jesús les ha dado a conocer plenamente el misterio del Padre Cf. Jn 15,15). Ellos responden a esta designación por medio del amor que es el distintivo de los discípulos de Jesús: “En esto conocerán que sois mis discípulos en que os amáis los unos a los otros” (Jn 13,35). Se dice de los primeros creyentes que tenían un solo corazón y una sola alma (Cf. Hch 4,32) y que al verlos la gente exclamaba “Mirad cómo se aman”.

Jesús no deja solos a sus discípulos, no van a quedar huérfanos (Cf. Jn 14,18). Han sido preparados para ser predicadores del Evangelio en el mundo entero y contarán con el poder del Espíritu Paráclito Cf. Jn 16,7).

       - Los discípulos de Jesús no pueden ser como los de los fariseos y publicanos.  No pueden quedarse en un culto sin espíritu y en el simple legalismo. Su justicia debe ser mayor y su comportamiento más exigente. No basta con cumplir los mandatos de la antigua ley. Su manera de obrar debe de estar en la línea del Reino y de sus valores (Cf. Mt 5,20ss).

El discípulo imita a Jesús. Ha de vivir de acuerdo con la manera de pensar y de actuar de Jesús (Cf. 1Jn 2,6). Él  es el ejemplo que hay que seguir. Jesús enseña a sus discípulos a ser servidores (Cf. Jn 13, 13.14). Jesús dice: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29).  Hay que tener los mismos sentimientos que Él tuvo (Cf. Flp 2,5). El discípulo como Cristo ha de hacer la voluntad del Padre (Cf. Jn 4,34; Mt 7,21-27), éste es el camino de la santidad. El comportamiento moral es consecuencia de la vocación cristiana (Cf. Ef 4,1-6).

       - El discípulo ama la unidad y la unidad de los discípulos es motivo para poner la fe en Cristo Jesús: “Que todos sean uno, como Tú Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tu me enviaste” (Jn 17,21). El discípulo no puede vivir solo, sino en comunidad.

       - El discípulo de Cristo es el que recibe a María, la madre de Jesús y la primera cristiana. Si alguien merece el título de discípulo, es María (Cf. Cap. VIII LG).

       - El discípulo de Cristo es enviado al mundo a ser testigo de Cristo y de su Reino. “Seréis mis testigos con el poder del Espíritu Santo” (Hch 1,8). El sacramento de la confirmación nos lleva a ser testigos de Cristo en el mundo y a hacer nuevos discípulos de Jesús (Cg. Mt 28,29).Con palabras y obras debemos anunciar el Reino que se construye en medio de las tinieblas del mundo. 

Estas características del discípulo se cultivan en los hermanos en un ambiente de acompañamiento, práctica y oración.

       4. CONCLUSION

Si bien es cierto que  los tiempos no son fáciles para ganar almas para Cristo y su Reino, también es verdadero que existe en muchos ambientes un profundo deseo de felicidad, que es en el fondo un ansia de Dios. También estamos seguros que el Espíritu Santo guía a la Iglesia de Cristo y suscita en ella apóstoles con respuestas ingeniosas a los retos de la humanidad en cada tiempo de la historia. Lo importante es acoger con ardor evangelizador el nuevo rumbo que el Espíritu quiere dar a la Iglesia y tener claridad sobre la situación real de la Iglesia en los comienzos del Nuevo Milenio.

Con el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, sostenemos que el plan de la Iglesia es siempre el mismo: “Dentro de las coordenadas universales e irrenunciables es necesario que el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial…En las Iglesias locales es donde se pueden establecer aquellas indicaciones programáticas concretas… que permiten que el anuncio de Cristo  llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura” (NMI 29). 

Con el Cardenal Joseph Ratzinger, ahora Pastor Universal de la Iglesia (Benedicto XVI), pensamos que: “La Iglesia evangeliza siempre y nunca ha interrumpido el camino de la evangelización…Sin embargo existe un proceso progresivo de descristianización y de pérdida de los valores esenciales, que resulta preocupante. Gran parte de la humanidad de hoy no encuentra en la evangelización de la Iglesia el Evangelio, es decir la respuesta convincente a la pregunta: ¿Cómo vivir? Por eso buscamos, además de la evangelización permanente, nunca interrumpida y que no se debe interrumpir nunca, una nueva evangelización, capaz de lograr que la escuche ese mundo que no tiene acceso a la evangelización <clásica>. Todos necesitan el Evangelio, está destinado a todos y no solo a un grupo determinado, y por eso debemos buscar nuevos caminos para llevar el Evangelio a todos” (Jubileo de los catequistas, Roma, 10 de diciembre  2000).

Las Iglesias Particulares y las parroquias, conscientes de que sus fieles  viven en un ambiente de descristianización, que es grande la ignorancia religiosa, creciente la indiferencia ante Dios y ante su Iglesia, deben optar por un nuevo estilo pastoral. Han de colocarse en actitud de misión, sentirse responsables de la evangelización de los alejados y de los pecadores y proporcionar, en las pequeñas comunidades, el espacio de Iglesia que haga vivo el anuncio de salvación. Un proceso catecumenal para no bautizados y también para los bautizados, se hace hoy necesario para la formación de verdaderos discípulos de Cristo, testigos audaces en el mundo actual y constructores del Reino en el nuevo milenio que es el tiempo oportuno que el Señor nos ofrece para hacer presente una vez más su salvación y su camino de felicidad. 

QUERÉTARO, Septiembre 2005                                +FABIO SUESCUN MUTIS
  Obispo Castrense de Colombia