Cristo vivo: Alimento del Discípulo y Fortaleza del apóstol
Ha habido centenares de misiones evangelizadoras a lo largo del Continente, de parroquias que llevan el SINE y de otras parroquias u organizaciones que han descubierto la necesidad y la urgencia del Kerigma.
Santo Domingo nos hablaba de muchas puertas de hermanos que esperan. Alguien me decía comentando el texto que las puertas no esperan. Es cierto, las puertas no tienen esperanza, pero quienes están dentro de esas puertas sí. Quizá se refería a otras puertas, a las del corazón de hermanos que por mucha circunstancias se han alejado de la fe y que esperan. Esperan a Cristo vivo, alimento y fortaleza para sus vidas. Esperan como dice el lema de este Congreso a Cristo vivo: Alimento del discípulo y fortaleza del apóstol.
Todas estas centenares de misiones, todo este esfuerzo evangelizador, dentro del marco del SINE o fuera de él, sería inútil si descuidamos lo que viene después, si no estamos atentos a lo que sigue.
Si tomamos en cuenta que Santo Domingo colocó tres grandes englobantes de la misión y la pastoral: Nueva Evangelización, promoción humana y cultura cristiana, para inmediatamente insistir en el primer paso, el Kerigma. Es normal que la siguiente, la Quinta Conferencia Episcopal Latinoamericana verse ahora, como se ha anunciado, sobre el siguiente paso que es lo mismo que trataremos en este Congreso: 
el seguimiento de Jesús, el seguimiento pastoral, el discipulado.
Evangelizar es como instalar una fábrica de ladrillos. Allí ladrillos nuevos, resistentes, bien fabricados, pueden adecuadamente procesarse para inmediatamente ser utilizados en algo mucho más grande. El ladrillo debe ocupar su lugar en un muro que forma parte de un templo, un templo de "piedras vivas" de ladrillos vivos. Si a los ladrillos se les deja solos y sueltos, se quiebran, se pierden.
Este Congreso pretende responder a una pregunta: ¿Qué están siendo y haciendo las personas evangelizadas? o más personalmente dependiendo de nuestra tarea: ¿Qué estamos haciendo nosotros supuestos dirigentes con las personas evangelizadas? Lo cual que finalmente tiene que ver con una pregunta todavía más personal: ¿Qué estoy siendo yo y qué estoy haciendo yo como evangelizado para seguir siendo luz?
Ya decía Puebla: "La parroquia realiza una función en cierto modo integral de la Iglesia, ya que acompaña a las personas y familias a lo largo de su existencia, en la educación y crecimiento de su fe". DP 644 
Y el Papa Juan Pablo II al inaugurar la Conferencia de Santo Domingo hablando del peligro de las sectas señaló claramente el remedio, un remedio constatado en los hechos:
Es un hecho que allí donde la presencia de la Iglesia es dinámica, como es el caso de las parroquias en las que se imparte una asidua formación en la Palabra de Dios, donde existe una liturgia activa y participada, una sólida piedad mariana, una efectiva solidaridad en el campo social, una marcada solicitud pastoral por la familia, los jóvenes y los enfermos, vemos que las sectas o los movimientos para-religiosos no logran instalarse o avanzar. (Disc. Inaugural de la IV Celam. Juan Pablo II, 12) 
Hay pues que ir a todos para llevarles el Kerigma, pero luego hay que volver a ir a todos para darles todo lo que comprende el seguimiento pastoral. Ir a todos y darles todo. Si le damos el Kerigma, no le estamos dando todo, sólo el inicio. Después de ese anuncio sigue todo el Seguimiento pastoral: Seguimiento = Crecimiento = Discipulado.
Una persona, después de evangelizada se convierte en discípulo y apóstol. Pero debe ser un discípulo bien alimentado y como consecuencia un apóstol que muestre, como consecuencia, una fortaleza del tamaño de su misión.
Se pueden visitar algunas parroquias donde todo marchaba bien: había misiones evangelizadoras muy bien organizadas, retiros, cada tantos meses aparecían nuevas comunidades. Es lo que los Hechos de los Apóstoles dicen: Las Iglesias crecían gracias a la asistencia del Espíritu Santo y el Señor unía a ellas a los que habrían de salvarse. (Hech. 16,5)
Pero al poco tiempo, se regresa y parece que todo languidece. ¿Que ha pasado? En palabras de Pablo a los Gálatas: ¿Corrías bien, comenzásteis bien, ¿quién os puso obstáculos en vuestra carrera? (Gal. 5,7)
El Señor no falla. Sin Él no podemos nada. Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores.  (Salmo 127,1)
El Señor ha prometido esta gracia de perseverancia  Quién inició en nosotros la buena obra, la irá consumando hasta el día de Cristo Jesús. (Flp 1,6)
Todo esto es cierto, pero eso no significa que el crecimiento y la comunión van a brotar solos. Dios generalmente cuenta con las mediaciones humanas. Eso significa que si nosotros no damos a las personas lo que necesitan, el Señor de todos modos va a cumplir su promesa, pero no por arte de magia, sino que se encargará de buscar a otras personas que si lo hagan, que lo den todo. El se buscará otros pastores para su rebaño, como lo advierte en el libro de Ezequiel.
EL ALIMENTO DEL DISCIPULO
Un indígena piel roja ponía un buen ejemplo de la lucha interior que había en todo hombre. El decía: Dentro de mí hay dos cachorros. Uno es cruel y malo y el otro es bueno y dócil. Y los dos están siempre luchando.
Entonces le preguntaron cuál es ellos cree que sería él que acabaría ganando.
El sabio indio guando silencio un instante y después de haber pensado unos segundos respondió: seguramente aquel que yo alimente.
Los discípulos de Cristo hoy en día reciben una continua y pésima alimentación de las escuelas seculares, los medios de comunicación, periódicos, televisión. Es una alimentación contraria al Evangelio que llega todos los días y dura casi todo el día.
Ante esto nosotros tenemos que alimentar al discípulo y crear estructuras de alimentación en los sectoresY debe ser una alimentación ordenada, balanceada, que haga crecer hasta la talla adulta en Cristo Jesús.
San Pablo nos dice que algunos discípulos necesitan de leche espiritual, pero después al ir creciendo hay que dar alimentos cada vez más sólidos. 
toda esta alimentación tiene que ser ordenada. Cualquier mamá ya sabe lo que pasa si se empieza por el postre. No podemos escudarnos en una ignorancia respecto de todos los elementos que forman parte del seguimiento pastoral. Un pobre hombre que había olvidado su librito de oraciones y que tenía muy mala memoria le rezó a Dios diciendo así: Perdóname por olvidar mi librito, pero como no me se ninguna de las oraciones voy a decir cinco veces el alfabeto muy despacio. Tú como conoces todas las oraciones puedes juntar las letras y formar las frases que yo no recuerdo.
Esto nos recuerda que debe haber un orden. El discípulo de Cristo no puede recibir una atención y una alimentación desordenada, desbalanceada, hecha de un poquito de todo y de nada. Y el apóstol no puede pretender que el Señor ordene milagrosamente todas sus acciones dispersas, porque en la Palabra de Dios y en los documentos de la Iglesia encontramos muy claramente cuáles son esos elementos que se necesitan para crecer y cuál es el orden dinámico que brota del Nuevo Testamento
Alguien decía alguna vez que nuestras parroquias parecen orfanatorios gigantescos, que uno de los mayores problemas es la "eterna niñez de los creyentes", a los que cada domingo arrojamos desde el púlpito una enorme vasija de leche. 
Con retiros y misiones creceremos numéricamente: si teníamos en la misa cien y ahora tenemos doscientos obviamente habremos crecido. ¿Pero cómo? ¿De qué manera? Si teníamos cien sin amor y ahora tenemos doscientos sin amor. En realidad no hemos crecido. Hemos engordado. También el cementerio crece pero allí no hay vida.
El crecimiento verdadero supone los medios de crecimiento, y supone en el centro de todos estos medios, la Eucaristía, la presencia del Señor, Cristo vivo que se nos da como alimento. Y este alimento nos fortalece. No puede haber fortaleza sin una buena alimentación. Y todo el que se alimenta de lo verdadero se convierte en inamovible apóstol del Señor
LA FORTALEZA DEL APOSTOL
Cada cristiano debe confesar con Pablo: "Todo lo puedo en aquel que me fortalece" (Flp 4,13). La misión exige una fortaleza que nosotros no podemos tener, pero que se nos ha hecho disponible con el don que viene de lo alto.
Dicen que San Teresa solía repetir: "Teresa sola no puede nada; Teresa y un maravedí, menos que nada; Teresa, un maravedí y Dios, lo pueden todo"
¿Y que dice la otra Teresa, la de Calcuta? Un periodista que la ve tan menudita, tan frágil, tan arrugadita le pregunta de dónde ha sacado tanta fuerza para acometer todo lo que sacó adelante. Y la respuesta sencillamente es: --Mi fuerza es la alegría de haber conocido a Jesucristo.
Uno que ha conocido al Señor y que es un discípulo crecido, alimentado, es un discípulo que es fuerte, no es sí mismo sino en el Señor. 
Sin el Señor somos como aquel caracol que todos los días era despertado por un tren que no le dejaba dormir más tiempo. Hasta que por fin decidió enfrentarlo.
Confiado se pone en medio de los rieles y obviamente el tren le pasa por encima. El caracol crecido le grita: "Volaste, no fuiste capaz de enfrentarme".
La fuerza está en que formemos discípulos crecidos, maduros, no niños caprichosos. Un apóstol que esté totalmente vuelto al Señor, no hacia sí mismo.
El verdadero discípulo para ser apóstol tiene que ser destetado. Tiene que hacer vida en sí el texto del salmo 131: "mantengo mi alma en paz y silencio, como niño destetado en el regazo de su madre"
Para que un niño destetado esté en paz y silencio en el regazo de su madre es porque ya han pasado los días, porque ha superado el proceso de destete. Al principio la madre era su biberón y ella no estaba muy segura si el niño la quería por ser su madre o por ser su biberón.
Pero ahora destetado el niño, éste recibe el alimento de otra fuente y sin embargo de todos modos quiere estar con su madre. El discípulo que es fuerte puede estar con Dios, puede hablar de Dios, aunque no reciba de Dios todo lo que espera. Después de todo ha aprendido a buscar al Señor de los dones y no tanto los dones del Señor.
Cuando vengo a este Congreso ¿qué pienso? ¿De qué manera me va a servir esto a mí? O más bien ¿de que manera aprendo a servirle mejor a Él?
La fortaleza cristiana no es orgullosa, implica reconocer nuestra debilidad: “Cuándo soy débil entonces soy fuerte” (2 Cor. 12,10), dice Pablo. La fortaleza no significa que no fallemos, sino que nos levantemos siempre:
Así San Agustín: “Si dijeres ‘ya basta’ has perecido. Añade siempre, camina siempre, adelanta siempre; no te pares en el camino, no vuelvas atrás, no te desvíes. Se detiene el que no adelanta, vuelta atrás el que vuelve a pensar en el punto donde ha partido; se desvía el que apostata. Mejor es el cojo en el camino que el que corre fuera del camino. 
Santa Teresa escribe: “No es quedéis en el camino, sino pelead como fuertes hasta morir en la demanda, pues no estáis aquí para otra cosa, sino para pelead”
Y de nuevo San Agustín: “Todos los días hay combates en el corazón. Cada hombre en su corazón lucha con un ejército. Los enemigos son la avaricia, la gula, el bullicio; todos le hacen la guerra. A todos presenta batalla y aborrece, pero es difícil que alguno no le cause alguna herida.
“Lo grave no es que quien luche caiga, sino que permanezca caído; lo grave no es que uno sea herido en la guerra, sino desesperarse después de recibido el golpe y no curarse la herida”, dice el Crisóstomo.
Lo importante es esto es saber dar un paso a la vezSe dice que sólo el humilde persevera porque busca avanzar, el orgulloso nunca persevera porque él sólo quiere llegar. Así que hay que ir poco a poco:
“Mucho hace a los ojos de Dios quien hace todo lo que puede, aunque pueda poco, dice San Pedro de Alcántara.
E igual Santa Teresa: “Conviene mucho no apocar los deseos, sino creer en Dios que si nos esforzamos poco a poco, aunque no sea luego, podremos llegar con su favor a lo mismo que muchos santos”
No importa que ese “poco a poco” nos parezca como si estuviéramos volviendo a comenzar:
San Gregorio de Nisa afirma: “El que asciende no censa nunca de ir de comienzo en comienzo mediante una serie de comienzos que no tienen fin”.
Y lo mismo San Francisco de Sales: “Me da alegría que comenzáis cada día; no hay mejor medio para acabar bien la vida que el de empezar siempre, y no pensar nunca que ha hemos hecho bastante”.
Daniel Coboni reclama esta fortaleza para las primeras misioneras que envía al Sudán en marzo de 1876 a quienes les dice: 
"Tienen que ser santas, pero verdaderas santas y no con el cuello torcido, porque en África es preciso tenerlo derecho: monjas valientes y generosas". Y sigue: "Hijas, recordar que sois carne para el matadero... Preparaos a trabajar por las almas sin ver ningún fruto de vuestras fatigas. Sólo en la tercera o cuarta generación habrá buenos cristianos... Trabajar por el Señor, pero en este mundo no esperéis más que ingratitudes y piojos".
No estamos en África, pero de todos modos requerimos de fortaleza. ¿Cómo pretendes que otros se alimenten de Cristo-Eucaristía si tú no has incluido en tu dieta diaria al mejor de los alimentos? ¿Cómo puedes ser luz para los demás si la luz de Cristo no brilla cada día en tu corazón, cada día de este año de la Eucaristía?
Un sacerdote mexicano, el P.Alfredo Plasencia que fue poeta, escribió unos versos a Jesús Eucaristía un día en que por distracción dejo que se apagara la lamparita del Santísimo. Un extracto de sus versos, dicen así:
He dejado apagarse tu Lampartia
Esto, si seriamente se considera,
no es de verse como una culpa cualquiera.
Es una culpa enorme, casi infinita.
Pasar abandonado tu vida entera
entre esas cuatro tablas, donde dormita
tu amor de tantos siglos, que en vano espera
y que en vano promete y en vano grita...
y luego... por mi culpa, por andar fuera
habérseme apagado tu Lamparita.
¡Con qué inefable pena, con qué ternura
me estarías llamado...! Cómo al oído...
Encerrado en tu cárcel, habrías tenido
derecho a saber donde queda la cerradura
Y el sordo carcelero sin hacer caso
por más que Tú le estabas a grita y grita...
¡Qué descuido tan grande...! Cuidar un vaso
y no saber cuidarlo... Se necesita
que la fe de este pobre corra a su ocaso.
Cuéntale que contiene la Lamparita.
Dios nos ha enviado a ser luz del mundo. Cristo está en nosotros como en un sagrario y nuestros ojos son como esa lamparita que ilumina toda nuestra vida, convirtiéndola en testimonio. La Eucaristía está finalizada en la inhabitación, en la toma de conciencia de su presencia continua en nosotros. Podemos dejar que se apague nuestra lamparita, si no comulgamos cada día con su Presencia. En cambio, si lo hacemos se iluminará nuestra alma como un sol y por ende nuestros ojos. Y de lo contemplado hablará la boca:
Si dentro no está el que enseña, vana es nuestra enseñanza, decía San Agustín. Si dentro no está el que anuncia, el que visita, vano es nuestro anuncio, vana nuestra visita.
No dejemos que se apague esa lamparita en nuestras vidas y entonces haremos que se encienda y se mantenga encendida para siempre también la de nuestros hermanos. La lamparita no hace otra cosa sino recordarnos que en el corazón y en el sagrario está Cristo vivo, alimento del discípulo y fortaleza del apóstol
                                                                                                                Raúl Matienzo